Bighorn 100

A mediados de junio terminé Bighorn 100 en Wyoming y para mi sorpresa hice la mejor carrera de mi historia como corredor de 100 millas (a los 57 años). Gran parte del buen desempeño se lo debo al haber decidido correr todos los días de febrero en un reto que se llama Run Until You Drop. La otra gran ayuda fue contar con un grupo de amigos que me motivan a seguir corriendo regularmente y, de hecho, me obligan a correr más rápido y más lejos de lo que lo haría si fuera solo.

Listos para partir en el cañón del Río Tongue

Mi rutina básica fue lunes corriendo con el Hash, Parque Metropolitano los miércoles con Carlota, viernes de PMT (Parque Metropolitano) con el Monkey Pack, y fines de semana corriendo largo con mi hermano Rogelio y su esposa Isabelita. Ahí tenía cuatro días a la semana asegurados corriendo con buena compañía y ocasionalmente me animaba a salir a correr por mi cuenta. Eso salió como a 4.5 días corriendo semanalmente. Y, por supuesto, el apoyo de Lorena que se aguanta todo lo que conlleva esta rutina es indispensable.

Perfil de Elevación

Bighorn es una carrera que tiene prácticamente el mismo grado de dificultad de Massanutten (que ya he corrido tres veces). Me preocupada que Bighorn tenía dos horas menos para cubrir la distancia que Massanutten (34 versus 36 horas) y que nunca había hecho MMT en menos de 34 horas. Tahoe Rim Trail sí lo había corrido en 32:52 en el 2015 así es que sabía que podía hacerlo, pero no tenía mucho márgen para equivocarme durante la carrera. Además, TRT 100 lo corrí hace tres años y en su momento fue mi mejor carrera.

Partiendo en Bighorn 100

Solamente porque quería estar cómodo, relativamente, contra las horas de corte (te sacan de la carrera si no pasas una estación antes de una hora determinada) decidí que quería terminar en 32 horas con un colchón de dos horas para el corte. Mi hermano Rogelio, basado en su reciente carrera en Miwok 100k, decidió que su objetivo serían 28 horas. Isa, mi cuñada, que estaba corriendo los 82km se propuso terminar solamente. Para ella sería un gran logro porque el tiempo de corte estaba por debajo del mejor tiempo que ha logrado en una carrera de esa distancia.

Cañón del Tongue

Había leído que al iniciar la carrera se forma una larga fila en el sendero de la primera gran trepada. Quería estar seguro de no quedar atrapado en la parte lenta de la fila así es que decidimos pararnos hacia la parte delantera del grupo. Era mejor que otros más fuertes lucharan por pasarnos a lo contrario. Desde un principio me llamó la atención lo callado que estaban los corredores en esta carrera. En casi todas las otras 100 millas la gente es bastante habladora, pero este grupo resultó ser silencioso en su mayoría.

La primera subida era de casi 13k y llegaba a una pequeña estación llamada Upper Sheep Creek. La primera gran estación arriba de la loma era Dry Fork y estaba a 21k poco después de coronar la parte más elevada de la primera trepada. Llegué a Dry Fork a la 1:22pm y salí a la 1:27pm con dos horas por delante de mi plan de carrera. Tenía las piernas cansadas de tanto subir y faltaba mucha distancia para terminar este evento. Solamente en UTMB había subido por tanto tiempo seguido y nunca tan rápido como esta vez.

Casi arriba de la primera trepada

Ahora venían unos 21k undulantes antes de iniciar el descenso a Sally’s Footbridge. El grupo de corredores rápidos con el que había trepado me dejaron atrás y otros me venían alcanzando. Me acomodé en un tren mayormente femenino que llevaba un paso similar al mío. Había una pareja de mujeres que nunca pararon de hablar y que iban en su propia burbuja sin notar a nadie más ni nada a su alrededor. Pensé que si ellas terminaban solamente tendrían su conversación en la memoria de lo que había pasado durante la carrera.

En esta sección comenzó a cambiar la carrera. La directora de la carrera nos había dicho que íbamos a tener condiciones perfectas en esta carrera pero el granizo que empezó a caer parecía contradecirla. ¡Eran canicas cayendo del cielo y pegaban duro! Al rato, cuando perdimos algo de elevación, el granizo se volvió lluvia el agradable sendero que habíamos estado recorriendo se transformó en lodo. Esta era la parte de la carrera que estaba supuesta a estar seca. Sabíamos que después de Footbridge el terreno iba a estar mojado, pero esta parte estaba encharcada y la lluvia seguía sin parar.

Cuando ya el lodo estaba haciendo difícil mantener el paso, las mujeres a la cabeza del tren fueron bajando su ritmo al buscar donde y como pisar mejor. Decidí que era hora de dejar esta columna atrás. Ya estábamos bajando a Bear Camp y pronto vendría un largo y empinado descenso a Footbridge, la segunda gran estación a 48k del recorrido. Al llegar a Bear Camp rellené mi botella, recogí un gel y seguí mi camino.

Justo aquí venía un lodazal en una empinada ladera y habían unos corredores tratando de bajar sin resbalarse. Era hora de soltar los frenos e iniciar una caída controlada hasta el río Little Bighorn y cruzar Sally’s Footbridge. Dejé atrás toda cautela y ataqué con gusto el descenso que estaba lleno de piedras y lodo mientras la lluvia seguía sin pausa. Había mucha gente en la bajada y la mayoría estaban tratando de controlar su descenso formando colas en el sendero. Por suerte habían muchas opciones para bajar porque se veían senderos que no tenían mucho uso que iban paralelos al camino principal. Yo iba corriendo por fuera cuando se apiñaba la gente y así seguí hasta llegar al río.

En cuanto entro a la estación me encuentro con Roger… ¡qué sorpresa! Me había sacado una ligera ventaja en el primer tercio de la corrida y se estaba quejando de las zapatillas que había escogido para esta parte. Yo tenían unas Salomon SpeedTrak guardadas para la siguiente sección que estaba supuesta a ser técnica y enlodada, pero ya tenía muy mojadas las Hoka Speedgoat que cargaba puestas. Fui a buscar mi bolsa de recambio y cuando regresé ya no estaba mi hermano. Me puse una camiseta de lana, una camiseta manga larga, y tomé mi mochila CopresSport para cargar mi chaqueta impermeable, mi lámpara de cabeza, y un gorro para el frío.

Cuando salí de Footbridge a las 5:45pm estaba 1:45 minutos por delante de mi plan de carrera para 32 horas. Había para de llover y el clima estaba agradable. Ya para estas alturas había decidido que esta es la carrera más escénica que he corrido hasta el momento. Ahora ascendíamos por el cañón del Little Bighorn y el río rugía al lado del sendero. Venía pensando lo sabroso que sería estar en ese río remando en un kayak pero creo que tenía un nivel de dificultad superior al que podría navegar. Ya se me habían pasado los dolores de la subida para ser reemplazado por los dolores de la bajada. Esta larga subida de 28k tiene una pendiente gentil pero constante y sube 1,270m hasta llegar a una elevación de 2,643m.

En esta subida hay que atravesar varios ríos y hay mucha agua por todos lados. El sendero en ocasiones parecía estar hecho de jabón, frecuentemente había que pasar por barriales profundos. Ya algunos de los corredores que habían pasado antes fueron dejando una senda paralela que era mejor para correr que el sendero propio. Iba subiendo como un tren que va saltando de una vía a otra pero siempre avanzando en la dirección correcta: hacia arriba. Como a las 8:30pm me encontré con el puntero de la carrera. El segundo lugar venía unos cinco minutos después. Hasta casi las 9:30pm había algo de luz y creo que a esa hora comencé a usar mi lámpara de cabeza.

Como hacía frío no estaba tomando mucho líquido. Cargaba en la mano una botella CamelBak de 21oz, y en el cinto tenía dos botellas suaves de 500ml. Hacía rato no llenaba estas botellas secundarias porque las estaciones estaban suficientemente cerca para llegar con el contenido de la botella de mano. Las estaciones estaban bien surtidas pero ya a estas alturas no me bajaba bien la comida y estaba pasando la carrera a punta del Gu líquido que había en las estaciones y los geles de gu (que también tenían en cantidades). Ocasionalmente me comía un huevo con sal, papas con sal, y toda la sandía que encontraba. También tenían una bebida de jugo de pepino encurtido que estaba muy buena.

A las 12:22am llegué a la estación de la cima: Jaws. Esta estación estaba llena de gente y cuando entré me encontré con Roger nuevamente. No encontraban su bolsa de recambio. Mi bolsa si estaba pero solamente tenía unas baterías. Yo había recogido todo lo importante al fondo de la loma porque no quería llegar con frío a la cima. Le presté una bufanda que tenía en mi mochila y partimos juntos de regreso, listos para la segunda mitad de la carrera. A las 12:42am salimos de la estación, yo iba 1:20 por delante de mi plan. La verdad es que esta carrera estaba destruyendo a la gente porque muchos de los que estaban corriendo cerca de mi habían estimado hacer menos de 30 horas.

Ya llevábamos casi 15 horas corriendo y estábamos bien, sin mayores dolores, moviéndonos a un ritmo consistente y de buen humor. Como el cielo estaba cubierto de nubes, el frío nunca llego a ponerse incómodo (como en otras ocasiones con cielos cristalinos). Estaba húmedo pero el calor del esfuerzo me mantenía a una agradable temperatura. Habían muchos ratoncitos en el sendero que quedaban encandilados y no sabían para donde huir. Nos encontramos también con un berrendo en la noche comiendo a un lado del camino.

En las estaciones ahora tenían fuegos encendidos y en todos siempre habían corredores calentándose. Nosotros parábamos brevemente a tomarnos un caldo caliente y rellenar nuestras botellas. Después de la segunda estación Rogelio se fue quedando atrás. No lo noté al principio porque me pasé una pareja y las luces de ellos no me dejaban ver la de mi hermano. Pero cuando dejé esa pareja atrás no vi a Roger siguiéndome. Al llegar a la próxima estación, Cathedral Rock, a los 100km, ya Roger no me alcanzó antes que yo partiera hacia Footbridge. Para estas alturas ya el sol estaba iluminando el sendero a las 4:30am aproximadamente.

Llegué a Footbridge a las 7:09am y salí a las 7:25am. Solamente me quité la camiseta de manga larga que cargaba encima y dejé la mochila con todo el equipo de frío que llevaba. Recogí la gorra que había cambiado por el gorro de lana y me fui a trepar la loma que nos esperaba ahora. Iba 57 minutos contra mi plan de carrera. Obviamente estaba empezando a perder velocidad y mi ventaja se estaba desvaneciendo.

Venía un subida de 6k con 664 metros de ascenso. La lluvia había dejado el terreno muy enlodado y todos los corredores que iban delante nuestro habían destruido el sendero. Fui pasando gente poco a poco, lentamente, mientras los escuchaba quejarse de lo difícil que estaba esta subida y la desgracia que era enfrentarse a un final de carrera como este. Era evidente que muchos se sentían que la carrera se les estaba escapando de las manos. Algo de esa preocupación pasaba por mi mente pero yo iba aún por delante de mi plan así es que estaba de buen ánimo.

Estaba trepando a un ritmo cómodo. Podía ir un poco más rápido pero quería guardar energías para poder correr el final de la carrera porque era una bajada larga de 21k. Antes de eso tenía que hacer el corte en Dry Fork que era a las 3pm. Juzgando por el paso de la subida parecía que no íbamos a llegar pero sabía que luego el camino se volvería una subida gentil y que el sendero debía estar muy corrible después de la estación del tocino.

Ya a esta altura de la carrera los punteros de la carrera de 82k nos estaban pasando como si estuviéramos parados. Estaban subiendo la loma como si el lodo fuera de concreto. ¡Qué bárbaros esos corredores! Eventualmente formamos un grupo de unos seis corredores que estábamos avanzando al mismo ritmo. Al terminar la subida en Bear station algunos se quedaron comiendo. Yo llené mi botella y partí de una vez. Quedaba algo de subida y luego venía el terreno relativamente plano.

Ya no estaba seguro como estaba parado frente a los corredores de 100 millas porque habían muchos corredores de 50 y 32 millas en el camino. Cuando llegué a Cow Camp me comí un par de tocinos fritos para llenarme de energía para la bajada. Ya faltaba menos para Dry Fork. Estimaba que llegaría como a la 1:30pm a esa estación que tenía el corte de las 3pm. Ya estaba media hora por debajo de mi plan de carrera. Las energías estaban menguando y mi ritmo había decaído.

Pasé por Dry Fork en dos minutos y salí a la 1:22pm a terminar mi carrera. Iba una hora y sencillo por delante del plan pero ya mis piernas no daban para mucho. Después de Dry Fork el camino sigue subiendo y yo no encontraba forma de moverme más rápido. La gente me estaba pasando a diestra y siniestra. Cuando terminé esa trepada inicié un descenso leve a la próxima estación. Por más que traté de correr no lograba ir más rápido que los que estaban caminando a paso ligero. Ya el sueño me estaba quitando concentración y las dudas típicas revoloteaban dentro de mi cabeza.

Yo había perdido la tabla de distancias temprano en la carrera y ya no estaba seguro de cuanto quedaba por correr. No podía estimar mi hora de llegada a la meta y cada vez parecía estar más lejos de llegar. Cuando llegué a Upper Sheep Creek me di cuenta que estaba equivocado con respecto a lo que me faltaba por terminar y quedaba la mitad de lo que yo pensaba. Esto me dio un respiro pero todavía no me sentía cómodo y quería terminar rápido para asegurarme de evitar inconvenientes de última hora.

Ahora faltaba una última subida que parecía inmensa. Era como trepar la India Dormida, solo que ya llevaba 140k corriendo. Iba con Rob en ese momento y ninguno de los dos nos estábamos moviendo muy rápido. Yo le dije que no íbamos a terminar si no corríamos y que iba a correr con todo lo que me quedaba cuando arrancara la bajada. Rob me dijo: “tú dale que yo te sigo”. Así mismo fue… al coronar la subida se podía ver hasta el pueblo de Dayton en la lontananza, y ¡estaba lejos!

Comenzamos a correr y el cuerpo se resistía a responder a mi voluntad. Pero se fue calentando con cada paso y el ritmo fue incrementando poco a poco. La bajada estaba empinada así que podía correr con tan solo controlar la caída al inclinar el cuerpo hacia adelante arriesgando plantar la barbilla en el sendero. Comencé a recuperar ventaja perdida y volvimos a pasar gente. Se podía ver una gran cantidad de corredores a lo largo del sendero y me propuse rebasarlos a todos los que tenía a la vista. Uno tras otro fueron quedando atrás hasta llegar a la próxima estación. Ya me quedaban 12k y casi cuatro horas para terminar.

Mi hebilla #9

Bajamos la velocidad avanzando por el sendero a buen ritmo. Cuando llegamos a la calle propuse volver a correr pero ya Rob estaba determinado a llegar caminando a la meta y sabía que llegaría antes del corte. Yo quería hacer mi tiempo porque estaba a mi alcance y regresé a correr. No podía ir muy rápido en esta parte porque ya era plano el recorrido. Pero entre caminar y correr seguí avanzando hasta llegar a la meta en 32:15:49.

Después de la carrera nos fuimos para Yellowstone y Grand Teton por unos días. Estos son dos lugares fantásticos a los que hay que regresar con más tiempo. Espero que la próxima vez no nos llueva como esta vez. Hemos pasado días bajo una llovizna que no paraba.

Wikiloc y Google Earth

En el 2011 encontré Wikiloc y desde entonces he estado subiendo y compartiendo rutas. Ese sitio permite que uno suba pistas de GPS y las anote con puntos específicos, agregue una descripción del recorrido, de los puntos, y hasta seis fotos por recorrido y por cada punto. Luego el sitio resume la información básica contenida en la pista de GPS y muestra el recorrido sobre un mapa de Google Earth, o de maps (con calles y hasta topografía).
Ejemplo de ruta
Lo que acabo de encontrar es que Google Earth en la computadora tiene la posibilidad de habilitar una capa de rutas de Wikiloc que muestra íconos sobre el mapa que uno está viendo y permite que se muestren las rutas que uno escoge ver. ¡Esto es fantástico porque cuando estoy explorando áreas que me gustaría visitar puedo ver que rutas han subido los que ya han pasado por ahí!
Los puntos blancos son indicadores de otras rutas disponibles en el área. En este caso estamos viendo La Vuelta del Cariguana que yo mismo subí a Wikiloc, pero hay muchas otras rutas disponibles que otros han ido subiendo. Esta es una gran herramienta para ver por donde hay rutas que explorar y luego bajarlas al gps, o al celular para ir a investigar ya con una ruta conocida y con la seguridad de poder seguirla sin problemas. Mi perfil en wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/user.do?id=336601
Minientrada

Húmero Fracturado

Por primera vez en mi vida me fracturo un hueso. Este puede ser el peor momento posible para fracturarse un hueso (aunque ningún momento es bueno para eso). Sencillamente me hace la vida tanto más complicada justo cuando necesito estar completo para Lorena y mis hijos. Me caí montando patineta porque una balinera falló y de alguna forma hizo que la tuerca de esa rueda girara hasta apretarla y frenar repentinamente. No hubo previo aviso y caí sobre mi mano extendida, típica posición para la fractura proximal del húmero (especialmente a los 54 años).

Me pusieron una placa de titanio (mi metal favorito) para amarrar la cabeza del húmero al resto del hueso. Lo bueno de ese procedimiento es que me han dado movilidad mucho antes que si solamente me fijaran el brazo con un cabestrillo. Ya he podido correr de vuelta (prácticamente el único deporte que puedo hacer ahora mismo). Ya pronto tendré que iniciar terapia formal, más allá de los movimientos que puedo hacerme con mi propio brazo y con ayudas alrededor de la caza.

Boqueron 2014

Logré hacer otro viaje por el Río Boquerón antes que terminara el 2014 y pude hacerlo con Irving Henry. Nuestro grupo fue pequeño pero no hizo falta más nadie: Irving, Joaquín, Gil, Carl y yo. Esta fue la primera caminata de selva de Irving y la pasó con singular esmero – ni siquiera la sudó (a pesar que el camino estaba hostil por lluvia, derrumbes y ríos inundados). Es bueno tener todo preparado para partir hacia una caminata en cualquier momento porque empaqué minutos antes de partir y no me faltó nada (aparte de algo más de comida).

Puntual a las 5am llegaron los interesados en esta particular travesía anual que ya casi puede ser un peregrinaje para mi. Joaquín era el único veterano de este viaje, Irving es hijo mío y está medio acostumbrado a lo que le tire el camino y lo pobres holandeses no sabían que les venía por delante, pero ocasionalmente la ignorancia es una buena cosa. A las 8am y estábamos en camino por el Nombre de Dios rumbo a Boquerón arriba. Esta vez no llevamos cámara, yo porque no la encontré, Joaquín porque quería ir lo más liviano posible, y los holandeses sí llevaron la suya pero no tengo esas fotos.

La mañana inició espectacular con poco sol, un río cristalino y la temperatura agradable. Lo primero que me pasó es que dejé las medias en la maleta de ropa extra para la llegada. Bueno, nada que fuera a dañar el viaje ya que lo peor que podía pasar es que saliera con ampollas pero al final no pasó nada aparte de que mientras esperaba a los holandeses me sacaba las zapatillas para eliminar la arena y las piedras que se habían metido dentro del calzado. Las medias me hubiesen evitado tener que hacer esto una docena de veces pero no fue algo que desmejorara la experiencia. Tal vez me quedé sin medias de ahora en adelante porque me entretenía el proceso mientras esperaba al resto de los caminantes.

La primera parte del camino siempre es muy agradable porque caminos por el Río Nombre de Dios y el camino es fácil, bonito y fresco. Ya los holandeses se nos venían quedando atrás pero nada alarmante. Era evidente que venían sin apuro y no había forma de evaluar su capacidad física porque en ningún momento se quejaron de nada (sencillamente no venían paso a paso con nosotros). Hasta la cascada, que es el punto donde inicia la trepada seria hacia los rieles se mantuvieron con nosotros sin ningún problema. En este punto siempre tomamos un descanso y nos abastecemos de líquido porque no hay más agua segura por un buen rato. Hasta este momento cerca del medio día el día había estado cubierto de nubes pero seco. El camino estaba húmedo pero manejable.

Cuando iniciamos la trepada el grupo se logró mantener bastante compacto y el recorrido fue sin contratiempos hasta los rieles. Tomamos el filo habitual y lo seguimos a un paso tranquilo pero constante hasta que llegamos a los rieles a la altura habitual (unos 160 metros de altura). Cuando llegamos a los rieles Joaquín y los holandeses se nos perdieron, cuando aparecieron unos minutos más tarde la explicación fue poco clara. Era un indicio de lo que venía desde ese punto en adelante. No tuvieron problema en la subida, los problemas para ellos iniciaban en el camino técnico. Carl no era diestro del todo y se nos iba a quedar atrás consistentemente desde ese momento hasta el final del camino. Nada de esto era causa de preocupación porque sencillamente caminaríamos más horas y dormiríamos donde nos tomara la noche en lugar de donde nosotros hubiésemos preferido. Esto es lo habitual en cualquier camino que uno hace por primera vez – después de recorrer un mismo camino una cantidad de veces ya uno desarrolla hábitos.

Mi almuerzo fue pobre ya que al ir a empacar encontré que mi despensa estaba algo desprovista y no había hecho el viaje al mercado para proveerme de unos buenos panes para llevar unos emparedados listos. Por suerte Joaquín sí había hecho su parte y mi hijo le robó un par de emparedados para rellenar el hueco que tenía en su estómago. Llevaba una cantidad de geles y barras energéticas de almuerzo y comidas deshidratadas para la cena. Irving, mi hijo, es algo más selectivo que yo en cuanto a su alimentación: el prefiere comida natural apetecible y yo como lo que me encuentre, al igual que bebo el agua donde me de sed. Mi paladar es exigente, no puedo engañarme, pero puedo pasar días sin comer hasta que llegue a un lugar donde pueda alimentarme apropiadamente y en el entre medio como lo que encuentre.

Justo cuando estábamos saliendo de los rieles del viejo ferrocarril y llegando al Río Boquerón se abrió el cielo. La lluvia caía en cantidades torrenciales. Normalmente a esta hora ya estaríamos en el Boquerón pero una gran cantidad de árboles caídos en el camino nos habían demorado (y los holandeses lentos no ayudaron). Cuando llegamos al río que normalmente tendría unas pulgadas de profundidad encontramos que habían varios pies de agua corriendo por el cauce. No nos quedó otra que hacer nuestro propio camino. Normalmente esto algo ocasional. Esta vez era traumático porque los holandeses no podían seguirnos a través del monte. Iban tres veces más lento que nosotros a estas alturas y constantemente teníamos que parar a esperarlos. Y aquí sí había que parar ya que no estábamos en rutas claras porque íbamos campo traviesa y esta gente no podía distinguir la pica de mi machete. No entiendo como era eso posible…

Bueno, a las 5:45pm regresamos al río después de una travesía buscando atajos que no fueron muy fructuosos. En ese momento Carl rehusó a seguir moviéndose. No nos quedó otra que tomar la sensata decisión de hacer campamento allí mismo, al otro lado del río donde se veía mejor el terreno. La cena fue sálvese quien pueda con lo suyo como habíamos determinado desde el principio. Nosotros llevamos unas comidas secas que cocinamos en una estufa de alcohol que había hecho hace un tiempo. La verdad es que esas estufas son muy eficientes y livianas.

Irving estaba en su ambiente. Me alegró mucho ver que se sintiera cómodo a través de todo el camino. En ningún momento se quejó y estaba más bien siempre esperando tranquilo para ver que venía próximo. Como buen joven estaba siempre hambriento y sediento y una vez que esto fue arreglado procedió a dormirse profundamente. Solamente quedé yo con Carl quien procedió a beberse todo mi ron, que no era mucho para comenzar. Yo lo acompañé trago por trago pero hubiese preferido guardar algo para el día siguiente. Mi amigo Joaquín se tomó una onza de ron en su chocolate caliente y siguió a Irving directo a dormirse.

El domingo fue un día como cualquier otro, espectacular toda la distancia. Lo único que le restó al camino fue la preocupación de esperar a estos holandeses que nunca llegaban. En realidad no restó nada la espera porque tuvimos amplio tiempo para gozar de las pozas que venían una tras otra a lo largo del camino. Inclusive íbamos por delante de nuestro horario regular porque mientras nosotros descansábamos los otros caminaban y nunca los dejamos descansar mucho. Hasta que reventó Carl y no quedó otra que ver como lo sacábamos del medio del monte. Joaquín e Irving partieron por delante a buscar el auto y yo me quede con nuestros amigos para que no se perdieran.

Eventualmente, cuando todavía faltaba algo para salir del camino nos alcanzó el auto y nos acortó unos 5 kilómetros del camino. Irving y Joaquín habían llegado al auto una hora antes que nosotros y nos habían venido a buscar. A mi me alegró que fuese en ese momento porque ya llevaba un rato cargando la mochila de Carl y la verdad es que ya no era tan agradable como cuando voy con mi propia mochila que siempre es muy liviana porque solamente tiene lo esencial adentro. Carlo y Gil con su poca experiencia llevaban más de la cuenta en sus mochilas. Hay que tener mucha experiencia para decidir que “esenciales” se pueden quedar en la casa.

Nosotros terminamos felices todos y yo particularmente  estaba contento por haber logrado cumplir una de mis metas de principio de año: Boquerón 2014. Ya estoy planeando Boquerón 2015 y ojalá pueda hacer más de uno este año venidero ya que este es mi camino favorito en el universo entero.

 

 

 

Nudo para Zapatillas

Esta parecerá una entrada irrelevante. Después de todo, aprendemos a amarrarnos los cordones en nuestros primeros año y después lo repetimos todos los días. Pero no lo es. En primera instancia, la mitad de las personas hacen mal el simple nudo de los zapatos, y, en segunda instancia, ese nudo no es apropiado para las zapatillas (menos para una carrera). Por último, el método que usa la mayoría, que es hacer un nudo adicional con los lazos, es una mala idea y también se suelta.

Este pasado fin de semana varios amigos míos participaron en una carrera de 21km y mi hermano le ganó a uno de ellos. Una de las razones que me dio mi hermano fue textualmente: “tres veces paró a amarrarse los cordones y tres veces hizo el esfuerzo para alcanzarme. En la tercera, cuando me alcanzó, ya no tenía gasolina”. Eso jamás debió haber sucedido. Además, ya varias veces he intentado enseñarle cómo amarrar apropiadamente los cordones de sus zapatillas. Tao está en el 50% de los que aprendieron mal el nudo simple para amarrarse las zapatillas.

Nudo de La Abuela

Nudo de La Abuela * incorrecto *

Nudo Rizo

Nudo Rizo * correcto *

La mejor forma de amarrar los cordones para una carrera es un usando un nudo muy seguro que es parecido al que usan los cirujanos para amarrar los puntos de las suturas, pero ligeramente diferente. Los cirujanos hacen un nudo inicial con varios cruces y luego un nudo simple. El nudo seguro es igual pero al revés, primero un nudo simple y luego un nudo con varios cruces. A continuación las ilustraciones de cómo hacerlo. Las ilustraciones vienen del sitio de Ian Figgen.

IanKnot1Paso #1

Hacer un nudo simple pasando el cordón izquierdo sobre el derecho, según ilustración, y luego hacer dos bucles como orejas de conejo.


SecureKnot2Paso #2

Cruzar los dos lazos de manera que el derecho quede frente al izquierdo como se muestra a la izquierda.


SecureKnot3Paso #3

Pasar la oreja derecha (amarilla) alrededor de la oreja izquierda (azul) y terminar al frente.


SecureKnot4Paso #4

A la misma vez ir envolviendo la oreja izquierda (azul) por la parte de atrás de manera que ambos bucles queden apuntando al hueco en el medio.


SecureKnot5Paso #5

Pasar ambos cabos por el hueco en el medio. El lazo derecho (amarillo) debe salir por atrás y el lazo izquierdo (azul) debe salir por delante.


SecureKnot6Paso #6

Ahora sencillamente hay que tirar de las orejas y apretar el nudo para que quede como en la ilustración. Este nudo no se suelta solo y tan solo hay que tirar con fuerza de los cordones para soltarlo.


FinishedSecureKnotEl nudo terminado queda como se ilustra a la izquierda. Este nudo realmente vale la pena aprenderlo porque no existe nudo más seguro para amarrar los cordones de las zapatillas. Hay alternativas que pueden ser iguales o mejores, pero depende de los gustos.

Yo he usado unos cordones elásticos que permiten que uno se ponga los zapatos sin tener que amarrarse los cordones. Pero el elástico normalmente me aprieta más de lo que a mí me gusta para que las zapatillas queden bien ajustadas. La otra opción muy buena es usar zapatillas Salomon que usan unos cordones de Kevlar con un ajuste corredizo que no se suelta jamás. A mí siempre me han gustado las zapatillas Salomon y son las que uso mayormente para los trillos. Pero igual tengo que amarrarme las zapatillas que uso para correr por calles.
20120721_160126 (1)

KLR 650

Desde junio del 2013 tengo una Kawasaki KLR 650 del 2006 que vino rodando desde Florida. El recuento de su viaje esta en Ride to Panamá. La moto vino armada y equipada para viajes de larga distancia y tenía 15,000 millas cuando la recibí. Ya le puse llantas nuevas, le cambié el aceite, la bujía, el coolant y le apreté todos los tornillos. Poco a poco he ido haciendo viajes cortos para ir aprendiendo las riendas de los viajes largos sobre dos ruedas.

He manejado hasta Bayano por el lado este de Panamá, visitado San Miguel en Pacora y el Río Gatún. Por el lado oeste he ido hasta Penonomé por atrás de El Valle, y me he metido por varios trillos entre Río Hato y El Valle. En mi primera vuelta por los trillos de Río Hato con las llantas gastadas que tenía la moto después de su viaje de 7,500 millas descubrí que no era una buena idea usar llantas lisas en senderos enlodados. Ahora tengo competencia para la bicicleta que ya tenía descuidada.

Mi auto ahora ha pasado ha ser vehículo ocasional. Estoy feliz con el ahorro de tiempo y combustible que ha venido como consecuencia del uso de mi vehículo de dos ruedas. En realidad ya tenía una moto pequeña, una Yamaha XTZ 125 que adquirí en un momento de desesperación con el tráfico en la ciudad. Pero llevaba años buscando la oportunidad de conseguir una KLR de segunda para llevarla en unos cuantos viajes de aventuras. Siempre he querido hacer turismo en bicicleta con mochilas pero el tiempo va pasando y las bicicletas son lentas comparadas con las motos. Así es que la moto es un compromiso: siguen siendo dos ruedas pero el tiempo de viaje se reduce enormemente.

Me encantaría, por ejemplo, manejar a San Gerardo de Rivas, en Costa Rica, subir el Chirripó a balazo y regresar. Igual lo podría hacer en auto, o en bus, pero en la moto gozaría más la manejada y me costaría una fracción de lo que me costaría manejar el Patrol hasta allá. La vuelta a Costa Rica ya la he hecho en auto. La manejada de Bocas a Gualaca en moto sería muy, muy divertida. Esa carretera está llena de curvas y desniveles, como un carrusel. Pero bueno, es cuestión de encontrar el tiempo y organizarme.

464,280 Horas de Vuelo

Acabo de pasar la marca de 53 vueltas al sol y es hora de planear que voy a hacer con las siguientes 8,760 horas de esta próxima vuelta. Ya me salté el resumen del 2013 y no voy a mirar hacia atrás.  Voy a proponerme unas cuantas metas razonables y un par más difícil. En el 2013 dediqué mucho tiempo a un proyecto que arrancó en el 2011 y ocupó más tiempo del que inocentemente pensé en dedicarle y ahora tengo que ver cómo vuelvo a enfocarme en las cosas que más me gustan y atraen.

Correr

  1. Rocky Raccoon – no voy a poder ir, 6 meses invertidos, siete compañeros.
  2. Massanutten 100 – estoy en la lotería con Luis Carlos Stoute.
  3. Fat Dog 120 – ya estamos inscritos Luis Carlos, Jose y yo.

Remar

  1. Río Santa María – desde San Francisco hasta la Inter-Americana.
  2. Río Grande – sus tres secciones: alta, media y baja.
  3. Río Pacora – si acaso lo remé tres veces en el 2013.
  4. Río Mamoní – sus tres secciones: alta, media y baja.
  5. Río Chame – con Irving y Laura (este año los engancho de verdad).
  6. Río Gatún – desde Tercer Brazo hasta la Vía Transístmica.

Caminar

  1. Camino Real por Boquerón y por Cascajal, dos viajes.
  2. Cerro Chirripó en Costa Rica – algo nuevo.
  3. La Mesa a Río Indio Centro con Irving, Laura y Lorena – algo viejo.
  4. 100 de San Miguel – algo extremo por lo largo.
  5. El Reto del Indio – recuperar una tradición perdida.

Triatlón

  1. Portobelo 2014 – este año son 15 años desde que lo hice en 1999.
  2. 70.3 de Sherman – ya es hora que lo haga.
  3. Alguno de los duatlones de la Cinta Costera – algo nuevo.

Esas actividades deberían evitar que me oxide durante este año. Suman más de una actividad por mes, una meta difícil de conseguir. Pero si logro el 80% voy a estar muy contento. Ya voy a fallar con la primera actividad, Rocky Raccoon. Aparte tengo un par de viajes que encajar: uno familiar y uno de trabajo, por lo menos. Entre medio de todo eso está todo el tiempo familiar que es de rigor. Ya mis hijos están llegando a la edad en que pueden ser acompañantes en muchas de las aventuras.

Las cadenas de mis bicicletas se oxidaron en el 2013. Este año voy a engrasarlas y darles mucho uso. Tener unos cuantos triatlones en la lista me va a ayudar para salir a rodar en la bicicleta de ruta. Para la montañera tengo al grupo de Transylvania Epic al que me le puedo pegar de vez en cuando. Hay un duatlón en El Valle dentro de una semana. Tal vez pueda participar porque ya estoy comprometido para ese fin de semana con la familia. Mato ese caso el domingo temprano y paso el resto del día tranquilo.

Cosas nuevas que quiero hacer, aparte del Chirripó, que ya está en la lista: Calovébora, el Sendero del Pianista, y un sendero del Mamoní a Cartí. Llevo años con esos senderos en la cabeza y no los concreto. Ya Calovébora tiene buen camino y preferiría remarlo. De paso, al llegar al Caribe, puedo seguir remando hasta Colón. Hace tiempo que quiero hacer un kayak, uno de los modelos de “stitch & glue” de Pygmy Boats, tal vez el Queen Carlotte 19′. Así puedo remar con Beto desde Bocas del Toro a Colón (llevamos años hablando de eso). Como preámbulo vamos a remar desde la Calzada de Amador a Gorgona.

Bueno, tengo más planes, pero no creo que me alcancen las horas. Es importante tener planes. La vida transcurre entre los planes y hay que incluirlos en la ruta que nos trazamos o no se van a dar. Rara vez ocurren fortuitamente las aventuras épicas.