Hace 50 años, en una improvisada y apresurada reunión en la sala de oficiales del cuartel de Tocumen, el mayor Boris Martínez Salazar le informa a un grupo íntimo y mínimo de oficiales, su decisión de derrocar al presidente Arnulfo Arias Madrid. En el sitio se encontraban el Mayor Fred Boyd, jefe de Tocumen; el capitán Wilfredo Meléndez, 2do jefe de Tocumen; el capitán Humberto Jiménez, el capitán José Humberto Ramos, el subteniente Carlos Peré, el teniente Ángel Mina, el subteniente Remón, y el subteniente Luis Carlos Müller. Mientras los oficiales dibujaban las estrategias para consolidar golpe, la reunión se ve interrumpida por la llegada del teniente coronel Omar Torrijos, quien no había sido convocado a la misma por su “fama de abrir mucho la boca cuando tomaba tragos.” Comentario que desató la ira de Torrijos, quien increpó a Martínez por faltarle el respeto a su superioridad de rango. Al final, los oficiales deciden, con Torrijos presente, que este último no participaría en ninguna de las operaciones militares que se llevarían a cabo para derrocar a Arias, y se le ordena regresar al Cuartel Central para mantenerse al margen de las circunstancias. Martínez, en total secretismo, da la orden a sus oficiales de arrestar a Torrijos si este asume alguna posición sospechosa, o incumple con lo pactado.

A las 7:00 pm, ahora desde Chiriquí, Martínez anuncia por radio que el presidente Arias había sido separado de su cargo tras un alzamiento militar. Al rededor de las 9:00 pm, el Cuartel Central cae en control de los alzados. A las 10 de la noche caería la Presidencia. A las 11:00 pm, Arnulfo Arias se asila en la Zona del Canal. A la 1:00 am, Boris Martínez llega a la Comandancia. Y a las 6:00 de la mañana del sábado 12 de octubre de 1968, empieza, de manera oficial, la dictadura militar. Una semana más tarde, Boris asciende a coronel de Guardia Nacional, igualando a Torrijos, y convirtiéndose en lo que muchos señalan como “el verdadero poder detrás del poder;” llegando a mandar por encima de la nueva Junta Provisional de Gobierno, el Gabinete, y del propio Torrijos, quien con el rango de coronel había sido elevado a Jefe de la Guardia Nacional.

Boris es sacado abruptamente de la Guardia Nacional el 24 de febrero de 1969, después que Torrijos, con el apoyo de la 470 del SCN de los E.E.U.U., le diesen un fulminate golpe interno. Luego de la salida de Martínez, Torrijos asciende a General de Brigada de la Guardia Nacional.

Después de este incidente, Boris Martínez decide desaparecer para siempre. Su última entrevista a un medio de comunicación se la otorgó al ya desaparecido periodista Lucho Estriví, en 1983. Anterior a esto sólo había dado dos pequeñas y rápidas entrevistas en la década de los 70s. Luego de esto, pasó 30 años esquivando a más de una docena de periodistas. Tres décadas en absoluto silencio.

Pero el 24 de junio de 2013, y después de varios años de incesante persecución por parte mía, la persona que ejecutó el golpe militar del 11 de octubre de 1968, se aburre de mis súplicas y me concede lo que él mismo llamó “la última vez que hablare con nadie sobre esto jamás.”

Después de ese día, y luego de haber conversado por casi 7 horas, Boris Martínez volvió a desaparecer para siempre. Vive en Miami desde 1969 y más nunca ha regresado a Panamá.

Boris, siempre te estaré agradecido por haberme dado la oportunidad de conocer tan a fondo tu lado de la historia.

Quiero agradecer a Rosario Martínez (qepd), única hermana de Boris, y al coronel Fernando Quesada, primo hermano de Boris. Gracias a ambos por haberme dado la mano para poder realizar lo que todos los demás juraron era imposible. También quiero agradecer al mayor Humberto Jiménez, al Tnte. coronel Fred Boyd, al subteniente Müller, al subteniente Carlos Peré (qepd), y al mayor Juanchón Meléndez, por haber aceptado mis extensas y tediosas entrevistas, y por haberme relato de manera minuciosa, cómo planearon y ejecutaron junto a Boris Martínez el golpe de 1968.

Nos vemos en el cine en el 2020.