El Reto del Indio 2026

Este Reto del Indio ha sido la carrera de 100 millas que más me ha costado terminar. Terminé mi carrera en 37:39:52, 20 minutos contra el corte de la carrera. Me tocó ayudarme con un bastón los últimos 15 kilómetros porque ya la espalda no me sostenía erguido. Eso me pasa por no entrenar suficiente fuerza antes del evento. No me vuelve a suceder. Llegando a Playa Blanca me vino a buscar Irving y su compañía fue un alivio durante esos últimos dos kilómetros. Al llegar a la meta Laura me colocó la medalla. Esos detalles justificaron todo el esfuerzo.

Esta vez no escribí una entrada previa a la carrera. Esta ha sido mi cuarta hebilla de El Reto del Indio y tenía esperanza de poder lograr 30 horas. Basaba ese tiempo en recortar mis paradas descansando dos horas menos que el año pasado que descansé 3:30. Cuándo las condiciones hicieron difícil mantener el ritmo para las 30 horas cambié el enfoque a terminar la carrera a como diera lugar. Realmente disfruté mucho el recorrido hasta El Retiro. De ahí en adelante necesité toda la determinación que tengo para seguir moviéndome hasta llegar a la meta.

Este año, en la partida, habían más de 75 corredores, la mayor cantidad de participantes en esta distancia. Sabíamos que íbamos a encontrar lodo en la ruta (no era la primera vez que teníamos estas condiciones). También teníamos la mayor participación de extranjeros, el 40% habían viajado para hacer esta carrera. A mí me preocupaba mi pantorrilla derecha y el muslo izquierdo. La pantarrilla me comenzó a molestar un par de semanas atrás y el muslo izquierdo lo lastimé bajando La Silla en El Valle Ultra. Al final ninguna molestia me dieron las piernas durante la carrera.

Bolsas de recambio

Este año fui más diligente que nunca y preparé mis bolsas de recambio con bastante comida. También decidí que iba a comer todo lo posible durante la carrera. Siempre dejo toda la comida que llevo y corro a punta de líquidos. Puse Ensure en todas las bolsas y me llevé otro más para la partida. También compré analgésico líquido para que me fuera fácil tragarlo. Desde la partida me tomé el primer analgésico por si me molestaba la musculatura de las piernas. No tuve dolor muscular hasta que se me agotó la espalda.

Correa con su contenido

Preparé mi correa de correr con suficiente comida y electrolitos. Al final solamente usé los LMNT y nunca probé los Skratch. Ahí me quedan para usarlos en los próximos entrenamientos. Los SIS me cayeron muy bien. Lleve mi Black Diamond Icon 700 para iluminar la noche. La luz se portó a la altura. Usé una de las Sal Andrews que llevé cuando el estómago ya me estaba molestando por tomar tantos geles. También me comí todas las gomitas que llevé. En cada estación recogí toda la comida que había dejado en las bolsas de recambio. Hacía muchos años no era tan diligente alimentándome en una carrera.

Lagarto y yo en la partida

Cuando dieron la partida me quedé atrás del pelotón. Me toma un rato calentarme y encontrar el ritmo de carrera. Iba a tratar de repetir lo que hice el año pasado e ir más rápido de lo que prefiero al principio para aprovechar la parte que se puede correr con facilidad al principio. La 1906 que me tomé antes de empezar me hizo parar a orinar y quedé atrás de casi todos empezando, normal. Los primeros 10 kilómetros fueron típicos, con lodo pero nada especial. En el kilómetro 10 encontramos una estación pequeña que no estaba en la tabla de estaciones. Rellené mi agua y seguí de largo. En Escobalito llegamos a la primera estación oficial, 14k.

Subiendo la loma que sigue a la estación se me estaba agotando la lámpara. La verdad es que fue pendejada no iniciar con baterías frescas. Cambié mis baterías y seguí mi camino. Hasta ahora había corrido solo casi todo el recorrido. Había hablado algo con Croc, algo con Cons, Mario Cordón, Stirling y María joyner. También había hablado con una canadiense de madre panameña que venía con un grupo que estában corriendo juntas como despedida de soltera para una de las corredoras que venía con tutu blanco, muy creativas.

Por el kilómetro 20 me alcanzó Stirling Moore de Wyoming, una jóven de 32 años muy interesante, una vaquera que maneja su propio rancho casi sola. Llegamos juntos a La Encantada y ahí nos alcanzó Lagarto. Corrimos juntos hasta Lago Gatún. En esta estación me esperaba Eduardo con mi primera Balboa helada. Stirling resultó ser tomadora de cerveza y también se tomó su Balboa (shotgun como buena vaquera). Rellené la botella de mi correa con café para no dormirme en la ruta a la estación de El Corral.

El tramo hasta El Corral tenía el peor de todos los lodazales. Ya había estado dura la ruta al lago, pero lo que venía fue peor. Al lago llegamos justo dentro del tiempo planeado para 30 horas, al minuto. Cuando llegamos a El Corral ya había perdido bastante tiempo contra mi plan de carrera. Allá nos esperaban más Balboas. Nos sentamos a tomar un breve descanso mientras me bebía un café y me rellenaban las botellas. De ahí salí con la Balboa en la mano y Stirling me dejó atrás en la trepada que venía. Eventualmente la volví a alcanzar cuando quedó en dudas en un crucé de río.

Llegamos a Tres Hermanas una hora y 25 minutos por encima del plan de 30 horas. Ya el tiempo no era importante. Lo bueno es que habíamos pasado la noche muy bien, sin sueño, y sin lastimarnos en el lodo. Hasta ahora no llevaba ni una caída, solo unos buenos tropezones. Robert Souter y Monika nos atendieron muy bien. Balboa, Ensure y café fue la alimentación mientras rellenaba mi correa con alimentos y cambiaba las baterías de mi lámpara. No hicimos una parada muy larga y partimos a darle al segundo tramo de la carrera para llegar a Casa Bennett en El Valle.

Eran las 5:08 am cuando llegamos a Tres Hermanas y salimos a las 5:30 am. Estaba agradable el clima y el camino se hacía bastante fácil. Me estaba moviendo con calma y buena letra, avanzando a un ritmo adecuado para llegar en 32 horas a la meta. Calculaba que podría llegar cerca de las 4 pm a El Valle. El sol iba saliendo cuando trepaba la primera de las lomas empinadas. Por suerte estaba fresco el clima. Llegamos a Las Claras abajo cerca de las 7 am, como una hora abajo de lo que llegué el año pasado. Boris y Aleika estában en la estación (esperando con otra Balboa). Por ahora todo marchaba bien. Me comí una tajada de sandía mientras rellenaban mis botellas y salimos de una vez.

Después de esta estación comenzaba otra de las buenas trepadas. Después de unos kilómetros llegamos a otra de las secciones que normalmente tienen lodo, el trillo que bordea y cruza varias veces la Quebrada Las Claras. Esta vez tenía mas lodo de lo habitual y le dio mucho trabajo a la gente. En esta sección se quedó atrás Stirling. También me alcancé a varios otros corredores que estaban luchando con las condiciones del sendero. Llegando a la escuela de Las Claras Arriba me pasó el líder de los 105k. Venía muy fresco y se movía rápido. Aquí mejoró el camino y pronto me alcanzaron Stirling y los últimos dos corredores que había pasado.

Cuando llegamos a la estación de El Harino me encontré con Mel que esperaba a Fefe, su hijo, que estaba corriendo los 105k. Para mi suerte tenía cerveza en su auto y me brindó una Balboa. Por ahora la hidratación iba bien. Rellené mi pañuelo con hielo. Hasta ahora no lo había usado pero ya estaba calentando el sol. Stirling salió delante de mi: me dijo que iría caminando lento y que yo la alcanzaría. Me tomó 7 kilómetros volver a pillarla. Cuando la alcancé me dijo que siguiera adelante, que ya se estaba cansando y le dolían los pies.

Llegando a Río Indio Centro me pasaron los corredores #2 y #3. Poco después pasó Carmen Mendoza, la primera mujer. Ella estaba corriendo muy bien, iba de cuarta entre todos los corredores. En la estación de Río Indio Centro me atendieron muy bien, me rellenaron mi pañuelo con hielo, mis botellas con agua, y yo me tomé una Coca-Cola helada. Había llegado a medio día y mi estimado era 10:34. Estaba 1:26 por atrás del plan de 30 horas, pero iba bien para llegar en 32 horas a la meta. Pasé la mitad de la carrera en 17 horas y sencillo. La segunda mitad podía ser más rápida que la primera porque había más bajada. Así lo hice el año pasado.

Seguí mi camino después de unos 5 minutos en la estación. Todo estaba marchando bastante bien. No tenía ninguna molestia y ya estaba a 20k de Casa Bennett. Terminar parecía estar muy dentro de mis posibilidades y estaba de buen humor. Estaba corriendo con unas Hoka SpeedGoat 7 de paquete. Las zapatillas estaban portándose muy bien, con buena tracción, buen acolchonamiento, y no molestaban nada. Solo tenían las zapatillas crema y ya estaban de otro color más oscuro. Después de cruzar el Jordanal me alcanzó Carmencita Villarreal y José Barria. Ambos consiguieron podio en los 105k. Yo iba corriendo con Adin que estaba haciendo su primer 100 millas. Venía manejando su esfuerzo muy bien.

Cuando llegué a Río Indio Nacimiento saludé a Fernando Jiménez y Pochi Calvo que ya llevan años manejando esa estación. Aquí me encontré con varios corredores y me alcanzaron otros mientras me tomaba una Ginger Ale. Cuando salí fui alcanzado por varios en la trepada. Al rato me pasó Dionisio Corrales en un pickup. Se había retirado junto con otro par de corredores en esa estación. La carrera estaba causando estragos entre los corredores. Ya se veía que mucha gente, más de lo usual, no iba a terminar. Yo trepé con calma hasta La Mesa y ahí apreté el paso y me junte con varios de los corredores que me pasaron en la subida. Entre esos estaba Mario Cordón.

Al llegar a Los Berrales volví a apretar el paso. Mario me siguió el paso y los otros corredores quedaron atrás. Llegamos juntos a Casa Bennett a las 4:43 pm. Mi posición era 27/51 (16 personas se habían retirado. Aquí me atendieron Andrea y Raquel con mucho esmero. Me tomé mi Ensure y un café mientras rellenaban mis botellas de agua, mi correa con comida, y cambiaban las baterías de mi linterna. Salí con una Balboa en la mano a terminar esta carrera. Estaba dos horas detrás del tiempo que había calculado, pero con tiempo de sobra para terminar tranquilo. Me crucé con Adela y me preguntó por Lagarto. Le dije que tenía tiempo sin verlo, la última vez que lo vi fue en Tres Hermanas.

Trepé con calma el Cerro Cariguana. Casi en la cima me tope con Estefy que había corrido con Mario hasta arriba y ahora se encontraba con Ricky celebrando su cumpleaños. Bajé a un ritmo cómodo a Los Torres. Ahí tomé más café, rellené mis botellas y seguí a la hidro. El camino a la hidro lo caminé. No quería ningún percance en ese sendero técnico faltando tan poco para terminar mi carrera. Ya quedaban unos 46k para cruzar la meta. Todo marchaba bien, Ya conocía el camino, sabía qué esperar de cada sección, y las cosas marchaban en órden.

La hidro no resultó tan sencilla nada, el sueño comenzó a molestarme y mi ritmo bajó por debajo de lo que hubiese querido. Varias veces me senté al borde del camino y casi me quedo dormido. Como pude seguí moviéndome y saliendo de la hidro me alcanzó Glaren con un amigo. Corrí con ellos hasta Tranquilla. En esa estación me atendió Olga. Tome Coca-Cola y café mientras me rellenaban mis botellas. Me ofrecieron un catre para dormir pero decliné la oferta. Seguí en cuanto me acabé el café. Ya estaba con muchas ganas de acabar esta carrera y el camino a Santa Rita siempre se hace eterno.

De Tranquilla a Santa Rita solo son 8k pero pareciera que son todos hacia arriba. Chemi me estaba esperando con una Balboa helada. Yo iba preocupado porque había dejado mis baterías usadas en El Valle. Cuando me las cambiaron tenía la intención de colocarlas en mi correa y se quedaron en la bolsa de recambio. Estaba corriendo con la linterna en baja potencia para que me durara. También la apagaba cuando había luz de la calle. Llegué a las 10 pm a Santa Rita. Me encontré a Ana Lía arropada en una manta térmica (se había retirado y la trajeron en auto). Susan Alemany me atendió con esmero, y me consiguieron baterías mientras rellenaban mis botellas. Salí caminando con la Balboa que me dio Chemi. Ya faltaba menos y el sueño no me estaba molestando tanto.

Son 11k desde Santa Rita a El Retiro y siempre me ha parecido el tramo más largo de la carrera porque nunca llega. Este segmento tiene trepadas leves que parecen no terminar. Básicamente uno trepa de Santa Rita a El Retiro y de ahí es todo bajada a la playa. Unos corredores de 105k me alcanzaron y logré unirme a ellos casi hasta la estación. Después de cruzar el río me quedé descansando al terminar la trepada que sigue al cruce. Uno de los jóvenes se quedó conmigo porque también tenía mucho sueño. Eventualmente logramos llegar a El Retiro.

En El Retiro se me había trancado la espalda baja por fatiga muscular. Pedí que me pusieran Bálsamo Rigar en la espaldo y me acosté 15 minutos boca abajo en un catre. Cuandó desperté estaba mejor. Sali a terminar la carrera, tenía 5:30 para cubrir los 17 kilómetros que faltaban. En el camino me encontré a Armando Estrada que estaba terminando sus 105 kilómetros y venía con muchas ampollas en los piés. Busqué un bastón para poder ayudar mi espalda y determinamos que llegábamos a las 7 am si lográbamos avanzar a 12 minutos el kilómetro hasta la meta.

Logramos mantener el paso hasta Los Pollos. Ahí hicimos una parada breve y rellenamos botellas. Tomé café y Coca-Cola y salimos a terminar. Armando iba a llegar sin problemas, yo iba a llegar así fuera gateando. Tenía 3:20 para llegar a meta y 8k que cubrir. Aquí me pasaron unos cuatro corredores mientras yo me ayudaba con mi bastón a seguir avanzando. Tenía mucho dolor en la espalda y el tiempo parecía progresar lentamente. Ahora era solo cuestión de seguir en movimiento, podía tomarme hasta 20 minutos para cubrir cada kilómetro y llegaba a la meta a tiempo. Eso suena fácil en teoría, en la práctica se va poniendo mas duro con cada paso que uno da. El cuerpo que ya está agotado comienza a reusar moverse y manda todas las señales que lo hacen a uno querer parar de moverse. Ahora tenía una simple batalla de voluntad.

En una hora llegué al corral que está a orilla de la Interameircana, a 5k de la meta. 2:20 me quedaban para llegar y acabar con esta carrera. Hacía un par de semanas habíamos practicado esta ruta y ya sabía exactamente que venía. Poco a poco me moví a través del potrero. Llegué a la calle y me ayudaron a cruzar bajo la Interamericana. Ya solo era seguir la calle hasta el giro a la izquierda y seguir las marcas hasta la meta. Se me hizo eterno el recorrido por la calle: siempre habían más conos y más conos. Eventualmente se acabaron los conos, salió el sol, y entré al sendero que lleva hasta Playa Blanca. Se me complicó seguir las marcas ahora porque ya no reflejaban la luz las banderillas. Tocó seguir la pista en el reloj, que por suerte estaba bien.

Me preocupaba perderme y no llegar a tiempo. Cuando se está cansado todo es más complicado. Cuando crucé la cerca de la propiedad de Playa Blanca encontré a Irving que venía a ver cómo iba. ¡Eso me llenó de tanta felicidad y ánimo! El cuerpo todavía seguía entumecido pero ahora el espíritu ya estaba en otro plano. Conversando con Irving se me hizo más ameno el recorrido y las dudas de llegar a meta se disiparon. Traté de avanzar más rápido, pero no lo conseguía. Paciencia y perseverancia era lo que tocaba ahora. Cuando llegamos a la arena y pude ver la meta me animé. Traté de correr y no duré mucho en eso. Ya no había más nada que hacer que caminar hasta el final. La gente llamaba y me animaba, y yo seguía caminando porque era todo lo que podía hacer.

Hice un último esfuerzo y corrí lo que quedaba cuando entre en el corrar a la meta. Ahí estaba esperando Laura para ponerme la medalla. También habían muchos amigos haciendo coro y me felicitaron al terminar. Iñaki me tomó firmemente y me arrastro a una camilla para que me dieran un masaje. La verdad es que fue algo muy apreciado porque a duras penas podía mantener de pie.

Crucé la meta en en 37:39:52 y me dieron mi hebilla #22. Terminé de #25 de 69. Este ha sido El Reto del Indio con mayor participación hasta ahora. Cada vez queda mejor, las estaciones están mejor surtidas y los voluntarios más motivados. Todos los comentarios han sido mayormente positivos. Este año ha sido el segundo febrero más lluvioso de la historia desde que el Canal de Panamá guarda información sobre la precipitación. El promedio es 106mm y este año llovieron 396mm, considerablemente más que el promedio.

Hoka SpeedGoat 7

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