Este fin de semana caminamos a la poza del Longué en el Río Boquerón. Fuimos un buen grupo, 16 caminantes, con una composición variada. Eramos nueve hombres y siete mujeres, casi mitad y mitad. Esta caminata la gestionó Irving y logró un buen quorum. Todavía fuimos más los viejos, pero vino un buen contingente de jóvenes. Un cuarto de los caminantes eran neófitos totales, venían a su primera caminata: Sofía (amiga de Laura), José (amigo de Irving), Maxi y Luz (amigos corredores) nunca habían hecho una caminata, y menos por el bosque. Todos se portaron a la altura y quedaron apuntados para la próxima aventura.

El plan era sencillo: caminar hasta la pozal dónde el Río Longué se encuentra con el Boquerón y acampar ahí. Es una caminata corta, 10 kilómetros. Ya hemos encontrado un ritmo cómodo que hace fácil (relativamente) el viaje. En cada cruce de quebrada, o cada buena poza, paramos a descansar. En esta caminata paramos en El Candirú, La Escandalosa, la poza de Pedro Pablo (dónde almorzamos), y bajo el puente del tren. Con esas paradas frecuentes también me aseguro que no se me pierda nadie.

Comenzando la caminata encontramos que han estado arreglando el camino para que los autos entren aún más allá de Santa Librada. Esto es una desgracia porque han cortado bastantes árboles para ampliar la trocha y lograr que pasen los autos. También le tiraron concreto a una quebrada muy bonita que atravesaba el camino. Parece que alguién está tratando de hacer camino para llegar a su propiedad al otro lado del Río Boquerón. Antes llegaban a su propiedad por el mismo cauce del río (en el verano). Supongo que ahora quieren hacer más sencillo acercarse a su finca.

La mayoría de los caminantes trajeron mochilas muy livianas y empacaron con mucho esmero. Los primerizos trajeron las mochilas más minimalistas. ¡Eso me pareció fantástico! Esa es una de las mejores maneras de gozar una caminata: caminar liviano. Una mochila muy pesada termina agobiando al que la carga. Laura, mi hija, vino con una mochila algo pesada, y su amiga Sofía también trajo un mochilón cargado casi que con la mitad de su peso. Desde un principio quedaron de últimas y esa fue la posición que ocuparon a través de toda la caminata. Por suerte nunca se quejaron.

Nos tocó un clima excelente todo el camino. Me sorprendió encontrar el nivel de agua tan bajo en el Río Boquerón. El camino también estaba bastante seco, cosa que hacía más fácil la caminata. Aunque estaba caliente en la partida, rápidamente entramos bajo el docel del bosque y la sombra nos hizo fresco el camino. Además, con las paradas frecuentes, todos quedamos refrescados al meternos al río con toda la ropa. Por suerte nadie quedó con ampollas por caminar con los pies mojados todo el camino. Creo que esta puede ser una de las pocas caminatas donde nadie perdió una suela de zapatilla o botas, y nadie trajo botas tampoco.

Para esta caminata Irving decidió que cenaríamos chili con carne. Eso hizo muy sencillo el plan: cada quien traía su lata de chili y nosotros llevamos el arroz para acompañarlo. Por primera vez en todas mis caminatas cometí el error de no revisar bien lo que empaqué para la cocina y resultó que se me quedó la bomba de gasolina para mi estufa. Lo más cómico es que la segunda estufa la traía Tony y también dejó un adaptador que necesitaba para su estufa. Emma nos salvó porque había traído su estufa para hacerse café en la mañana.

Decidimos cocinar la cena con leña porque la madera estaba seca. Ya Maxi había recogido bastante leña en cuanto llegamos. Prontamente teníamos un buen fuego y entre Henrik, Maxi y César la cocina quedó bajo control. Carlota estaba muy dispuesta a ayudar así es que quedó encargada de recoger las latas de chili y abrirlas. Tania también se preocupó por el arroz y quedo vigilante de que quedará en su punto. Las ocho tazas de arroz quedaron en su punto, cosa que no es sencillo conseguir en una olla de aluminio.

Cuando llegó el turno de cocinar el chili con carne, Carlota vetó unas latas de chili picante. Hubo que esperar que casi todos se sirvieran antes de poder echar las latas de chili picante a la olla. Me sorprendió que no quedo nada de chili con carne para el desayuno. Normalmente siempre sobra algo de comida para el día siguiente y esta vez solo quedó arroz. Laura casi se queda sin comida porque se acostó en cuanto llego y se puso sus audífonos para escuchar música. Hubo que irla a buscar para que viniera a comer la cena.

Ya a las seis de la tarde estábamos comidos y se abrió la barra. Los jóvenes tomaron control de la música que por suerte estuvo muy buena (Irving fue el DJ). Hubo un grupo de los caminantes que no recibió el memo sobre los bebestibles. Después de la cena calentamos agua para hacer chocolates calientes que algunos acompañamos con ron. También fueron pocos los que trajeron chocolate en polvo para el postre. Sofía trajo malvas y aprovechó la fogata para cocinarlas y convidó a todos los que quisieron seguir su ejemplo. La velada quedó muy buena.

Henrik y yo dormimos completamente al aire libre. La noche estaba fresca, no habían mosquitos, y la luna gibosa iluminaba el bosque. Varias luciérnagas y cocuyos nos deleitaron con su presencia. Curiosamente no vimos ningún mamífero nocturno. Solo escuchamos el canto de tucanes durante toda la travesía y los vimos volar, pero nunca logramos ver uno posando para nosotros. Aunque no llovió, las estrellas nunca brillaron para nosotros porque estaban tras la capa de nubes que cubrió el firmamento toda la noche.

A las 6 am puse el agua para el desayuno a calentar. Los que se despertaron temprano desayunaron avena y café caliente. Los que llegaron más tarde tomaron café tibio. Eventualmente calentamos más agua para la segunda tanda de avena. Habíamos hablado de ir al chorro en la mañana pero los jóvenes (que fueron los últimos en acostarse cuando se les acabo el poco ron que trajeron) nunca amanecieron. No fue hasta las 10:30 am que partimos de regreso hacia los autos. La verdad es que no había apuro y el desayuno resultó muy ameno.

El regreso fue rápido y sin mayor percance, como de costumbre. Esta caminata ya la tenemos bien recorrida y solo una vez se nos ha perdido un par y no por mucho tiempo. Yo fui en mi moto, como de costumbre. Al llegar nos fuimos en auto a Boquerón Arriba, ya rumbo a casa, y paramos por un refresco rápido. Los jóvenes quedaron muy contentos. Laura llevó una amiga y ya está lista para la próxima caminata.