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Andes Race 100K

El viernes a las 5pm partí a correr Andes Race 100K esperando terminarla sin mayores problemas. La razón principal por la que confiaba que la iba a poder terminar fue la presentación del director de carrera que hizo énfasis en que la carrera estaba diseñada para poder caminarla toda. Inicialmente no estaba tan confiado de poder terminar exitosamente la carrera por los puntos de corte que me parecían apretados para una carrera con un desnivel de 6,500 metros.

Altimetría

Después de la presentación quedé tranquilo por que no había corte en la meta si lograba pasar todos los cortes intermedios. Sabía que las trepadas me iban a tomar mucho tiempo, pero tal vez iba a poder recuperarlo en las bajadas. El ritmo promedio para poder terminar tenía que estar justo en 4 kilómetros por hora. Mi ritmo en movimiento fue de 13:23 min/km, pero el promedio quedó en 19:43 min/km. Con todo y que pasé bastante rápido por todas las estaciones, dos cosas me hicieron perder tiempo: mi linterna, y la marcación de la carrera.

Listo para correr

Mi linterna Black Diamond Icon 700 ha desarrollado un hábito muy desconcertante y está relacionado con la batería de litio que me permite tenerla iluminando a 700 lumens por 20 horas. La pila de litio impide que la linterna la drené si está trancada para que no se encienda accidentalmente. Aquí está el problema: la batería se está trancando solita después de un rato y me comienza a bajar la intensidad de la luz. Tuve que perder mucho tiempo quitándome la linterna para destrancar la batería y poder volver a tener buena iluminación.

La marcación de la carrera estaba excelente en general. El problema es que cuando fallaba, me tardaba mucho tiempo en resolver por donde seguir. Por el frío, mi reloj con la ruta estaba debajo de varias capas de ropa y me tomaba un tiempo sacarlo para resolver por donde continuar mi carrera. Antes de la última estación que pasé, las marcas se perdieron por completo. Saqué mi reloj y la ruta me llevaba por lugares por donde no había paso. Hasta uno de los arrieros que venía siguiendo al que venía de último en la carrera bajo de la montaña directamente hacia mí para ayudarme y él también pasó páramo encontrando como llegar a la próxima estación que ya estaba a la vista.

No fui el único que pasó problema con la marcación. Matt, que tiene un maratón de 2:49 en su palmarés, también se perdió y al final abandonó la carrera en Lares. Otro corredor que me encontré en la meta también me dijo que le tocó correr 15 kilómetros de más porque se perdió. Pero bueno, al final de cuentas no llegué a Lares porque me monté en el bus que venía detrás de mí con los corredores que habían abandonado en la estación anterior. Perdí la voluntad para seguir corriendo porque estaba de último, y no llegué a tiempo para correr con Roger, Isa y Ana que partían de Lares (kilómetro 40) a las 3am.

Yo pasé por la estación anterior a Lares, Cuncani, a las 3:10am. Esta estación estaba supuesta a estar en el kilómetro 36, pero estaba en el 28. Me quedaban 110 minutos para correr 12 kilómetro y pasar Lares por delante del corte de las 5am. Entre las marcas ausentes que me habían quitado tiempo, y la luz que me estaba fallando perdí la voluntad de seguir adelante. Estaba de último, iba a pasar Lares en la raya, y luego venía mi tercera trepada descomunal. La voluntad no me dio para seguir corriendo y me monté en el bus cuando me alcanzó.

Al final, no tengo quejas. Mi equipo (con la excepción de mi linterna de cabeza) resultó adecuado. Llevaba dos vejigas de 500ml en la mochila Salomon llenas de Gatorade (nunca las toqué), una botella de 500ml con agua dentro de la mochila, y una botella de 700ml con Gatorade en la mano. La botella de agua la vacié cuando pensé que nunca la iba a necesitar a través de la noche. Y así fue, solamente bebí de mi botella de mano.

La ropa que llevaba resultó adecuada. Estaba justo en el borde de tener frío, especialmente si paraba, pero logré mantenerme cómodo toda la noche. Llevaba una cantidad de comida entre geles, waffles, y chocolate para poder hacer toda la carrera sin tener que recoger nada de las estaciones. Esta fue una buena idea porque no había nada que comer en todas las estaciones que me tocaron antes de retirarme. Aún así, solamente me comí un gel cuando llegué a la cima del primer paso que estaba a 4,700 metros de altura. En ese momento llevaba 5 horas trepando y 14 kilómetros recorridos. Hasta ese momento, todo iba bien. Mi linterna ya estaba fallando, pero trepando no era mayor problema porque no iba rápido y no necesitaba más iluminación que la que conseguía.

Al comenzar la bajada, fui perdiendo tiempo porque mi luz no era adecuada para mantener un buen ritmo. El terreno bajando también era muy técnico y a duras penas lograba moverme a 6 kilómetros por hora. Me sentía bien porque, en promedio, hasta ese momento mi plan de carrera estaba saliendo tal cual lo había previsto.

Tenía puesto una malla North Face que me cubría completamente las piernas, unas medias Injinji de lana que me llegaban a media pantorrilla, mis pantalones cortos de caminar con un calzón de compresión que estaba muy cómodo (especialmente con la capa de crema de pañalitis que me había puesto). Arriba tenía una camiseta de lana manga corta, una camisa de lana manga corta, unas mangas de lana para los brazos, la camiseta manga larga de El Valle Trail Race, y una chaqueta impermeable Mountain Hardware. En la cabeza tenía un gorro de alpaca que había comprado en Cusco y un Buff alrededor del cuello. Junto con los guantes, esta ropa me mantuvo cómodo toda la noche.

Las zapatillas Hoka SpeedGoat 5 han resultado el mejor modelo de zapatillas que he tenido. Mis pisadas eran de confiar y cuando resbalaba, rápidamente la suela volvía a adquirir tracción. Varias veces tropecé con piedras pero nunca me lastimé los dedos del pie. Las polainas que cubrían las zapatillas no permitieron que se metieran piedras dentro de las zapatillas. Todo funcionó a la perfección con mi calzado.

Rogelio en Pillku Urqu

La aclimatación que hicimos en Cusco, incluyendo una trepada a Pillku Urqu hasta 4,458 metros de elevación, me ayudó mucho. No puedo decir que estaba trepando con fuerza, pero me movía bastante bien y logré pasarme a un par de jóvenes en la subida. Nunca pasé de 150 pulsaciones en la subida y el promedio que hice era adecuado para terminar la carrera. Eso sí, la trepada parecía que nunca iba a acabar: esos 1,780 metros que trepamos en el primer envión han sido lo más que he subido en una sola cuesta. Hubo un momento en que pensé que había logrado el paso porque comencé a bajar y de una vez apareció una segunda cuesta. En ese momento volví a ver marcas que parecían perderse en el firmamento junto a las estrellas.

Cuando finalmente logre llegar a la curumba del primer paso me encontré a una pareja inca que estaba sentada en plena oscuridad, a las 10pm, en 16 grados centígrados, vestidos con su ropa tradicional. El hombre me ofreció un mate caliente. Un gesto muy generoso de su parte que no pude aceptar porque no quería perder ni un instante. Casi no paré a gozar de la aventura que estaba viviendo porque sabía que no tenía tiempo que perder si quería alcanzar Lares a tiempo para juntarme con los corredores que partirían a las 3am.

Un poco más adelante me encontré la estación que estaba en el kilómetro 14, Pachacutec (como el nombre del cerro que acababa de coronar). Ahí rellené mi botella con agua caliente. También me ofrecieron un caldo caliente, pero no quería perder tiempo. Le agradecí la atención a los que estaban manejando ese Tambo y partí a bajar hasta el próximo punto de apoyo. Hasta ese momento todo parecía indicar que iba a poder completar la carrera sin problemas.

En la bajada ya comencé a querer la iluminación completa de mi linterna, pero no estaba logrando que me diera los 700 lumens que tenía de capacidad. Cada vez que se iba bajando la intensidad la apagaba y al volver a prender tal vez me daba unos 250 lumens. Nada mal, pero no eran lo suficiente para poder correr confiado en esa bajada que resultaba muy técnica para poder ganar el tiempo que esperaba hacer bajando. Tengo que ver cómo resuelvo el problema de mi iluminación antes de mi próxima carrera.

Cuando ya estaba llegando a Quishuarani, la próxima estación en el kilómetro 22 me pasó Josué, un joven limeño que había pasado en la trepada a la cima del Cuncani. La próxima trepada me resultó más dura que la primera. Mi linterna ya me estaba fallando con más frecuencia y las marcas estaban escasas y me costaba tiempo encontrar la próxima con frecuencia. Las marcas eran una cinta naranja con un reflector muy brillante. A menudo resultaba que la cinta había rotado de tal forma que el reflector no era visible. Esto hacía difícil encontrar la marca. La trepada también tenía una pendiente promedio más pronunciada que la primera trepada.

Me tomó casi dos horas trepar la segunda cuesta. Solamente logré promediar dos kilómetros por hora en esa subida. También pasé bastante rápido por esa estación donde solo recogí Sporade para rellenar mi botella. Ya estaba llegando a la conclusión de que tal vez no llegaría a tiempo donde Roger, Isa y Ana. La bajada desde Hulliquisjasa hasta la próxima estación también resultó más técnica que la primera bajada y en esta fue que se me perdieron las marcas.

Al final corrí 32K en 10:44, todo de noche. Nunca pude apreciar la belleza de las montañas como habían prometido en el congresillo de la carrera. Entre el covid que me dio tres semanas antes y la pérdida de forma que resultó por la para no llegué a la partida como hubiese deseado. No tengo quejas, hice lo que pude, de batalla y no salí vencedor en este encuentro. Solo me queda recordar al Hombre en el Ruedo de Theodore Roosevelt:

Man In The Arena

Finalmente, la partida de esta carrera fue el viernes 26 de agosto, justo tres meses después de perder a Lorena. La tuve muy presente a través de toda la noche. Aunque iba solo casi toda la carrera, siempre me sentí muy cerca de ella y la pensé mucho. Me hace mucha falta y todavía no encuentro como recuperarme de su pérdida. Estoy seguro que ella desearía que eche adelante y así lo haré. Ya tengo mi próxima carrera para mantener mi momento: No Business 100 en octubre.

Por Irving Bennett

Siempre listo.

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