Categorías
Correr General

Listado de mis 100 millas

# Nombre Tiempo FechaLugar
1Javelina Jundred28:46:53Oct 23, 2010Arizona
2Western States 100m29:40:38Jun 25, 2011California
3Massanutten Mountain 100m34:17:19May 17, 2014Virginia
4Fat Dog 120m45:25:34Aug 15, 2014BC, Canadá
5Tahoe Rim Trail 100m32:52:03Jul 18, 2015California
6 Massanutten Mountain 100m 34:37:27May 14, 2016Virginia
7 Javelina Jundred 25:58:29Oct 29, 2016Arizona
8 Massanutten Mountain 100m 34:43:21May 6, 2017Virgina
9 The Bighorn Mountain 100m 32:15:50Jun 15, 2018Wyoming
X Massanutten Mountain 100m 33:56:04May 18, 2019Virginia
Mis 10 Hebillas

Mi querida esposa Lorena me hizo este diseño para que colocara las hebillas que me iba ganando. Ya casi no le queda espacio para colocar más hebillas. Necesito otra tira de cuero para la próxima hebilla que me gane. Tengo planeado ir a Ultra Tour Monte Rosa 170km en septiembre pero las carreras Europeas no dan hebillas.

Categorías
Correr

Massanutten Mountain Trail 2019

Este domingo 19 de mayo terminé mi cuarto Massanutten Mountain Trail 100 millas en 32:56:04 en la posición 75 de 190 que empezaron. Esta ha sido mi posición más alta en esta carrera, y mi mejor tiempo, lograda bajo un calor hostil que dejó a la mitad de los participantes sin poder terminar la carrera (solamente terminaron 96 de 190). Curiosamente, con todo y el calor, me fue muy bien a través de toda la carrera sin encontrar mayores inconvenientes.

EstaciónPosiciónTiempo
Edinburg Gap802:41:22
Elizabeth Furnace758:12:07
Habron Gap6714:36:43
Gap Creek8122:02:31
Picnic Area8229:54:43
Finish Line7533:56:04

Casi desde el inicio de la carrera me posicione cerca del puesto en que quedaría al final de la carrera. En la subida hacia Moreland Gap pude correr prácticamente todo el tiempo. Llevaba un paso tranquilo que no me exigía mucho y me permitió avanzar a través del grupo de corredores con el que había quedado. Frecuentemente habían corredores que me pasaban corriendo pero al poco rato caminaban un tanto y me los pasaba nuevamente.

Después de Moreland Gap inicia el trillo a Edinburg Gap, la primera sección de corrida por uno de varios lomos de Massanutten Mountain. Al poco tiempo de entrar en esta sección quedé solo. Estaba esperando que me alcanzara un tren de mujeres que en ocasiones anteriores me ha pasado y más nunca las vuelvo a ver. En esta sección nunca me alcanzaron. De hecho, esta vez solamente me ganaron 9 mujeres. Creo que el calor afectó a muchas que normalmente me han ganado en años anteriores.

Llegué a Edinburg Gap en la posición 80. Hice una parada rápida para comer sandía, huevo con sal, rellenar mis botellas de agua, y salir lo antes posible hacia Woodstock Tower. El perfil hacia WT arranca con una trepada seguida por una buena bajada y luego se mantiene en columpios que van por el costado de la montaña. La estación de WT es la milla 20 (32kms), el primer quinto de la carrera lo terminé en 4:30.

A Powell Fort llegué de 75, exactamente la misma posición en la que terminaría la carrera. Aquí me encontré a Josh Howe con quien anteriormente había corrido MMT y en el 2016 terminamos juntos la carrera. No se veía muy bien, se sentía mal y eventualmente abandonaría la carrera. Desde temprano esta carrera venía haciendo estragos con los corredores. Había arrancado la carrera con una botella de mano y dos en el cinturón que llevaba. Ahora estaba corriendo con una de las botellas del cinturón vacía porque con dos llegaba de estación a estación sin problema.

Mapa de Massanutten Mountain Trail 100 con perfil de elevación

Elizabeth Furnace es el primer tercio de la carrera. Llegué como 20 minutos antes que el año pasado, a las 12:17pm, con un calor bárbaro. Aquí me tomé mi primera cerveza de la carrera. Comí pepinillos encurtido, papas con sal, sandía y me tomé lo más que pude de jugo de pepino mientras me terminaba mi pinta. En estación me encontré con Paul Crickard con quien terminé mi primer Massanutten. Me dijo que desde entonces no había vuelto correr MMT 100 y que ya estaba retirado después de su quinta carrera. Aquí me alcanzó Louie, con quien había conversado la noche anterior en el campamento. Se retiró en esta estación, víctima del calor también.

Estación de Elizabeth Furnace – Milla 33.3

De EF a Shawl Gap (8kms) viene una trepada corta seguida de una bajada. Ya me sentía que estaba bajando el paso. Seguí corriendo por la subida a Shawl, pero ya no podía correr la subida con tanto ánimo. Me impresionó lo seco que estaba el camino. Siempre hay varios arroyos que cruzar en esta sección y era imposible mantener los pies secos. Esta vez pude saltar todas las aguas que había en el recorrido. Por ahora mi carrera marchaba muy bien y estaba bastante intacto y sin dolores.

Seguí mi camino a Veach Gap después de unas sodas en la estación, sandía y más papas con sal. De Shawl a Veach se corre por una calle y el tramo mide 5kms. Todavía estaba pasando corredores en la ruta. Estaba corriendo esta carrera con una sola bolsa de apoyo en Habron Gap. Iba minimalista, no tanto como los corredores de punta que solamente llevan una botella, pero ellos generalmente cuenta con personal que los apoya en las estaciones. Yo solamente llevaba mi correa con dos botellas. Cargaba encima unas pastillas de sal, Jolly Ranchers, y una tira de Bloks.

De Veach a Indian Grave viene una sección que me gusta mucho. Trepas al lomo de Massanutten y se corre por lo alto por horas. El tramo mide 15 kilómetros. Me llevé todas mis botellas llenas. Dos con Tailwind y una con agua. La botella que tenía el agua, una botella suave, comenzó a botar agua por un hueco muy pequeño que no tengo idea cómo llegó ahí. Cuando comencé la trepada me tomé toda el agua de un tiro para cargarla dentro del cuerpo y que no se me derramara. En uno de los andenes largos de la subida me encontré un grupo grande de corredores que venían subiendo lento. A todos los dejé atrás.

Después de una hora corriendo por el lomo de la montaña comencé a sentir mucho sueño y a bajar la marcha. Por suerte había tomado unos geles que ofrecían en la última estación. Era hora de alimentarse para quitarme la modorra que me estaba dando. Seguí hasta encontrar un lugar con buena vista y me senté a consumir un Honey Stinger. Me pasaron tres corredores mientras gozaba de la vista. Dos de ellos eran veteranos que deben haber estado en mi categoría. Tercera venía una mujer que varias veces anteriormente me había pasado.

Rápidamente los carbohidratos del Honey Stinger entraron en mi sangre y resumí mi progreso. Cuando comenzó la bajada a Indian Grave apreté el paso y al poco rato volví a pasarme a los tres que me habían pasado. Estaba corriendo bien las bajadas. Quería hacer el mejor tiempo hasta Habron Gap porque ahí me iba a encontrar con Lorena (mi esposa), Tom y Ricky. Sabía que me iba a tomar mi tiempo en esa estación porque habían venido desde Front Royal a esperarme y apoyarme. En Indian Grave hice una breve parada y seguí de largo para tratar de llegar lo antes posible a Habron.

Llegué a Habron Gap a las 6:36pm, 8 minutos más lento que la última vez que corrí MMT. Lo curioso es que llegué en la posición 67 y la vez anterior llegué en la posición 120. El calor hizo estragos con los corredores. Aquí Lorena me tenía una Heineken helada esperándome y me supo a gloria. También me dio un par de Tylenol que tenía en mi bolsa de apoyo. Me comí un pedazo de pizza de queso, me apliqué más Nut Butter (que no estaba resultando tan bien como el Desitin), y pasé un rato agradable descansando y siendo atendido. A estas alturas ya tenía duda de lograr el tiempo que quería hacer en esta carrera, pero tenía bastante certeza que la iba a terminar.

Salí de Habron Gap hacia Camp Roosevelt casi media hora después que llegué. Me había tomado mi tiempo descansando. Me llevé mi chaqueta impermeable y una camiseta de manga larga por si acaso. Dejé guantes, gorra de lana y un buff caliente. Venía una trepada inmensa, la más grande de la carrera y otra travesía lagar por el lomo de la montaña. Me encontré a Gary Maier (66 años) saliendo de la estación. Ya se había retirado de la carrera por problemas estomacales y el calor.

Venía la trepada más larga de la carrera. Paso a paso fui ascendiendo en la penumbra hasta llegar a la parte más alta. Luego corrí un rato por el lomo para entonces iniciar la bajada a CR. Cuando se comienza a poner plano viene un sendero que no pareciera terminar y, de repente, de la nada, encuentras la estación. Bajando a Camp Roosevelt ya venía tropezando con las piedras y fui bajando la marcha para no volver a caer. Llegué a la estación a las 11:45 con hora y media contra el corte. Me tomé un café y una sopa y seguí mi camino. Aquí estaba Gary Knipling dando apoyo y se quedó un rato conversando conmigo y animándome. Me dijo que ya podía terminar caminando con el tiempo que me quedaba. ¡Esa no era mi intención! Salí rumbo a Gap Creek brevemente.

La trepada que venía era paralela a una quebrada y en años anteriores era muy mojada. En esta ocasión el camino estaba casi seco y, con cuidado, estaba procurando no mojarme los pies. Estaba claro que iba más lento así pero quería tratar de mantenerme mis medias secas porque hasta ahora venía con los pies intactos. Ya me hacían falta más acetaminofén pero mis pastillas se habían quedado en Habron. Tenía la espalda inferior algo adolorida de la caída. Se me habían apretado los músculos y me molestaba. Bueno, no quedaba otras cosa más que persistir.

Llegué a Gap Creek a como a las 2am, justo a tiempo para ver al corredor #3 pasar por la estación rumbo a la meta. Yo todavía tenían un largo recorrido por delante antes de regresar a esta estación. Aquí me tomé un caldo de pollo que estaba buenísimo. En todas las estaciones me habían tratado fantástico. Esa es una cualidad de esta carrera: los voluntarios y las estaciones son estupendas. Poco a poco estaba rayando el coco. Ahora venía la trepada de Jawbone que en años anteriores había que hacer dos veces. Este año habían quitado la segunda trepada y cambiado el recorrido para ir directo a la meta cuando pasara por aquí la segunda vez.

Después de casi una hora trepando el sueño comenzó a envolverme en su tiniebla. Me había despertado a las 2am y ya llevaba 25+ horas despierto. Iba progresando lentamente pero nadie me venía alcanzando. Podía ver unas cuantas luces más abajo en los andenes que subíamos, pero todos íbamos al mismo ritmo. Esta trepada se pone empinada al final pero luego se vuelve una interminable leve pendiente que demora horas. De Gap Creek a Visitor Center hay 15 kilómetros.

Ya en el lomo me alcanzó una pareja: un corredor con su pacer. Rápidamente me estaban dejando atrás. Decidí que tenía que mantenerme con ellos porque, de lo contrario, el sueño podía ponerme en peligro. El esfuerzo por acortar la ventaja que me llevaban logró sacarme del sopor que cargaba encima. La mujer, que iba atrás, me pidió que la adelantara porque mi luz estaba muy brillante y le causaba sombra. Ofrecí bajar la intensidad de mi lámpara pero ahí se quedó hasta que pasara.

Cuando me alcancé al corredor, este me dejó pasar también. Al rato ya no los veía. El acelerón había reactivado mi sistema haciendo buen tiempo. Desgraciadamente, en una sección difícil, tropecé y me caí. Quedé con la mano derecha pelada y la rodilla derecha bien raspada. Cuando me levanté del piso vi que la pareja me estaba alcanzando nuevamente. No perdí tiempo en reanudar mi marcha. Al rato me encontré un corredor durmiendo en el camino. Luego me pasé a otro corredor que creo que había hecho una parada para la número dos, o ya venía con el culo sollado y se había aplicado lubricante (era una de las dos).

Llegué a Visitor Center como a las 6am. Ya venía saliendo el sol y tenía esta carrera dominada. Con el sol saliente viene una renacer de las energías y, sabiendo que ya estaba descontando para el final, volví a tratar de subir la marcha. Traté de comer unos huevos revueltos pero no hubo forma de llevarme la comida a la boca. Pude tomarme un miso y unas tajadas de sandía. Salí contento hacia Bird Knob, una diminuta estación en el espinazo de Massanutten.

Arriba de Bird Knob con Shenandoah al fondo

Cuando llegué a la piedra de Bird Knob hice una parada para tomar una foto del valle del Río Shenandoah que se puede apreciar bien desde ahí. Al fondo podía ver Skyline Drive, una calle que va por todo el filo de Shenandoah National Forest y que también es atravesada por el Appalachian Trail. Seguí mi camino a la estación que todavía estaba como a tres kilómetros más adelante. En esta estación logré tomarme unas tabletas de acetaminofén que me habían dado en VC. Esto pronto me daría movilidad cuando el efecto me quite el dolor en la espalda.

Hacer esta carrera por cuarta vez me permitió correr con mucha confianza en que terminaría la carrera. Al partir de Bird Knob ya me quedaban menos de 30 kilómetros por recorrer. Ya no me estaba preocupando del tiempo que tenía para terminar la carrera porque sabía que tenía que pasar algo muy atroz para que no pudiese llegar a la meta. Caminando podía terminar lo que me faltaba. ¡Yo quería mejorar mi tiempo!

Ya solamente tenía que manejarme con cuidado: no hacerme daño, subir tranquilo, correr controladamente las bajadas, y cuidar mi alimentación. Todo lo que venía estaba claro en mi mente y los analgésicos ya estaban entrando en acción. Bajando hacia Picnic Area me pasó un muchacho y me preguntó sobre los tiempos de corte. Le dije que no se preocupara, ya tenía la carrera terminada. Me dio las gracias y me dejó atrás. Ya varias veces antes me había pasado, pero esta vez estaba seguro que ya no lo vería hasta la meta. La bajada a Picnic Area me ha hecho alucinar anteriormente pero ya venía experimentando leves alucinaciones desde hace rato. Me había levantado tempranísimo el sábado.

Cuando llegué a Picnic Area me recibió el capitán de la estación y me preguntó que cómo estaba. Le dije que estaba muy bien y quería partir de una vez para la meta a acabar esta carrera. Me dijo que tenía que comer algo antes que me dejara partir. Yo le dije que sólidos ya no los pasaba pero que si tenía una cerveza quedaría contento. Efectivamente, me trajo una Founder’s IPA y un vaso con ginger ale para corretear la cerveza. ¡Gocé cada sorbo! En cuanto terminé le informé al capitán que me iba y este revisó que hubiese completado la tarea. ¡Partí rumbo a terminar esta carrera! Ya no iba a parar más.

De Picnic Area a Gap Creek 2 (la segunda visita a la misma estación) hay 15.52kms y una trepada larga de más de 500 metros que parece interminable. Esta trepada me ha llenado de angustia anteriormente pero esta vez estaba contento de estar trepando porque sabía que en cuanto coronara la subida iniciaba mi descenso a la meta final. Me sorprendió que, aún después de tres recorridos anteriores, todavía esta subida es más larga de lo que me esperaba. Al final de la trepada hay que recorrer las piedras de una quebrada que en años anteriores estaba llena de agua. Esta vez estaba mucho más seca. Siempre pienso, cuando llego a esa parte, que haber puesto esta trepada al final de la carrera es una crueldad intencional.

Cuando coroné y comencé la bajada final estaba contento: había hecho una buena carrera hasta ahora. Bajando trataba de moverme rápido pero el camino hasta la calle es rocoso y dificulta correr rápido después de tantas horas en movimiento. Eventualmente llegué a Crisman Hollow Road, la recta final a la meta. Fui acelerando el paso poco a poco hasta llegar cerca de 6:30 minutos por kilómetro (nada del otro mundo pero es un paso decente para cerrar 160 kilómetros). Me pasé la entrada a Gap Creek y tuve que regresar unos metros. Después de pasar a rellenar mi botella regresé a la calle, ahora sí estaba en el último tramo.

En la recta larga podía ver que todos los corredores que tenía por delante estaban caminando. Iba a recortar muchas posiciones si seguía corriendo. Y así mismo fue… mantuve mi paso por los 6 kilómetros que me llevaron a la meta y me pasé a 8 corredores (parecían más por sus pacers) en el camino. Habían cambiando la llegada a la meta y tuve un ligero desvío que me quito otro par de minutos en el sendero que parecía un laberinto. Finalmente apareció la meta y apreté el paso para cerrar con fuerza antes que el reloj marcara las 34 horas. ¡Terminé mi cuarto Massanuten contento con choque de puños con Kevin Sayers, el director de la carrera que esperaba en la meta para felicitar a cada corredor!

¡Terminé!

En la meta estaba Lorena esperándome junto con Tom y Ricky, unos amigos que nos habían hospedado en Front Royal. Después de unos momentos para recuperarme pasamos a sentarnos bajo un árbol en la sombra y tomarnos la cerveza de celebración. ¡Estaba gloriosa la Heineken que me ofreció Lorena! ¡Gracias Cosa Bella por tu apoyo!

Notas para recordar:

  • Squirrel’s Nut Butter no es tan bueno como Desitin.
  • Los lentes de sol fotocromáticos son importantes. Tenía los ojos rojos de tantos bichos que me entraron en los ojos, y el polen también.
  • No dejar los analgésicos.
  • Las Hoka SpeedGoat 3 volvieron a probarse fantásticas. Terminé sin un dolor en los piés.
  • Las medias DryMax me protegieron maravillosamente y evitaron todas las ampollas.
  • Llevar pastillas de café para la noche. Creo que me hubiese ayudado y no traje esta vez.

Finalmente completé mi cien millas #10. Nunca es fácil terminar una carrera de esta distancia. Kerry Way 200 y Western States #2 son mis únicos DNFs (did not finish) hasta ahora. Espero poder mantener eso así. Creo que todavía puedo llegar corriendo a los sesenta años y el próximo año regreso por mi quinto Massanutten.

Categorías
Correr

Rumbo a Massanutten 2019

Exactamente en dos semanas debo estar en la partida de Massanutten 2019. Si logro terminarla habré completado mi carrera de 160kms+ #10. Preparé una tabla con todas las cien millas que hemos completado los corredores de Panamá y será la número 50. Además, esta será la cuarta vez que corro Massanutten. También es posible que esta vaya a ser mi mejor carrera de cien millas porque puede que esté en las mejores condiciones que he tenido antes de correr esta distancia.

El año pasado, cuando hice Bighorn 100, había corrido el reto Run Until You Drop en kilómetros. Este año lo corrí en millas y, como resultado, llegué a 692.4 kilómetros en febrero. Desde entonces he logrado mantener bastante de mi condición física intacta. He bajado mi kilometraje semanal considerablemente desde entonces pero todavía es decente, y he mantenido las corridas en el Parque Metropolitano en dos semanales. O sea que he mantenido el entrenamiento vertical bastante sólido.

Este año le quitaron 5 kilómetros a Massanutten porque antes tenía 166 kilómetros y ahora ya es un cien millas preciso (bueno, más preciso). También le quitaron una hora al tiempo que tengo para completar la carrera. No creo que esto sea problema porque he completado la carrera siempre con más de una hora contra el corte.

First NameLast NameAgeSexStateYearTime ▾
IrvingBennett53MPRT201434:17:19
IrvingBennett55MPAN201634:37:27
IrvingBennett56MPAN201734:43:21

El tramo que recortaron me demoró 2:10 la última vez que hice la carrera. Ya al final de la carrera uno se está moviendo más lento que al principio. Así es que debo poder terminar la carrera en poco más de 32 horas en esta ocasión. Me encantaría poder romper las 30 horas. No creo que pueda, y no pienso morir en el intento, pero le voy a echar un pie a esa meta. Posiblemente Roger y yo pudimos terminar el 2017 en 32:43 porque ese fue el tiempo que descansamos en una estación, menos realmente. Pero también pasé un tiempo esperando en la estación anterior porque se perdió en la noche arriba en uno de los filos.

Mis Hoka SpeedGoat 3 nuevas
SpeedGoat 2 vs 3
Le he dado buen uso a las SpeedGoat 2
Me fue muy bien con las SpeedGoat 2 en Bighorn 2018

Curiosamente, lo que más me preocupa de este año es la alimentación. Cada año me está costando más alimentarme a través de toda la carrera. Ya en las últimas carreras he estado vomitando la comida después de pasadas las 24 horas de carrera. Tal vez sencillamente me quede con la dieta líquida al aparecer los primeros vestigios de náusea. Todo lo demás ya lo tengo bastante practicado: la hidratación, los pies, la vestimenta, la iluminación a través de la noche y la estamina para terminar 160 kilómetros de carrera.

Categorías
Correr General

Bighorn 100

A mediados de junio terminé Bighorn 100 en Wyoming y para mi sorpresa hice la mejor carrera de mi historia como corredor de 100 millas (a los 57 años). Gran parte del buen desempeño se lo debo al haber decidido correr todos los días de febrero en un reto que se llama Run Until You Drop. La otra gran ayuda fue contar con un grupo de amigos que me motivan a seguir corriendo regularmente y, de hecho, me obligan a correr más rápido y más lejos de lo que lo haría si fuera solo.

Listos para partir en el cañón del Río Tongue

Mi rutina básica fue lunes corriendo con el Hash, Parque Metropolitano los miércoles con Carlota, viernes de PMT (Parque Metropolitano) con el Monkey Pack, y fines de semana corriendo largo con mi hermano Rogelio y su esposa Isabelita. Ahí tenía cuatro días a la semana asegurados corriendo con buena compañía y ocasionalmente me animaba a salir a correr por mi cuenta. Eso salió como a 4.5 días corriendo semanalmente. Y, por supuesto, el apoyo de Lorena que se aguanta todo lo que conlleva esta rutina es indispensable.

Perfil de Elevación

Bighorn es una carrera que tiene prácticamente el mismo grado de dificultad de Massanutten (que ya he corrido tres veces). Me preocupada que Bighorn tenía dos horas menos para cubrir la distancia que Massanutten (34 versus 36 horas) y que nunca había hecho MMT en menos de 34 horas. Tahoe Rim Trail sí lo había corrido en 32:52 en el 2015 así es que sabía que podía hacerlo, pero no tenía mucho márgen para equivocarme durante la carrera. Además, TRT 100 lo corrí hace tres años y en su momento fue mi mejor carrera.

Partiendo en Bighorn 100

Solamente porque quería estar cómodo, relativamente, contra las horas de corte (te sacan de la carrera si no pasas una estación antes de una hora determinada) decidí que quería terminar en 32 horas con un colchón de dos horas para el corte. Mi hermano Rogelio, basado en su reciente carrera en Miwok 100k, decidió que su objetivo serían 28 horas. Isa, mi cuñada, que estaba corriendo los 82km se propuso terminar solamente. Para ella sería un gran logro porque el tiempo de corte estaba por debajo del mejor tiempo que ha logrado en una carrera de esa distancia.

Cañón del Tongue

Había leído que al iniciar la carrera se forma una larga fila en el sendero de la primera gran trepada. Quería estar seguro de no quedar atrapado en la parte lenta de la fila así es que decidimos pararnos hacia la parte delantera del grupo. Era mejor que otros más fuertes lucharan por pasarnos a lo contrario. Desde un principio me llamó la atención lo callado que estaban los corredores en esta carrera. En casi todas las otras 100 millas la gente es bastante habladora, pero este grupo resultó ser silencioso en su mayoría.

La primera subida era de casi 13k y llegaba a una pequeña estación llamada Upper Sheep Creek. La primera gran estación arriba de la loma era Dry Fork y estaba a 21k poco después de coronar la parte más elevada de la primera trepada. Llegué a Dry Fork a la 1:22pm y salí a la 1:27pm con dos horas por delante de mi plan de carrera. Tenía las piernas cansadas de tanto subir y faltaba mucha distancia para terminar este evento. Solamente en UTMB había subido por tanto tiempo seguido y nunca tan rápido como esta vez.

Casi arriba de la primera trepada

Ahora venían unos 21k undulantes antes de iniciar el descenso a Sally’s Footbridge. El grupo de corredores rápidos con el que había trepado me dejaron atrás y otros me venían alcanzando. Me acomodé en un tren mayormente femenino que llevaba un paso similar al mío. Había una pareja de mujeres que nunca pararon de hablar y que iban en su propia burbuja sin notar a nadie más ni nada a su alrededor. Pensé que si ellas terminaban solamente tendrían su conversación en la memoria de lo que había pasado durante la carrera.

En esta sección comenzó a cambiar la carrera. La directora de la carrera nos había dicho que íbamos a tener condiciones perfectas en esta carrera pero el granizo que empezó a caer parecía contradecirla. ¡Eran canicas cayendo del cielo y pegaban duro! Al rato, cuando perdimos algo de elevación, el granizo se volvió lluvia el agradable sendero que habíamos estado recorriendo se transformó en lodo. Esta era la parte de la carrera que estaba supuesta a estar seca. Sabíamos que después de Footbridge el terreno iba a estar mojado, pero esta parte estaba encharcada y la lluvia seguía sin parar.

Cuando ya el lodo estaba haciendo difícil mantener el paso, las mujeres a la cabeza del tren fueron bajando su ritmo al buscar donde y como pisar mejor. Decidí que era hora de dejar esta columna atrás. Ya estábamos bajando a Bear Camp y pronto vendría un largo y empinado descenso a Footbridge, la segunda gran estación a 48k del recorrido. Al llegar a Bear Camp rellené mi botella, recogí un gel y seguí mi camino.

Justo aquí venía un lodazal en una empinada ladera y habían unos corredores tratando de bajar sin resbalarse. Era hora de soltar los frenos e iniciar una caída controlada hasta el río Little Bighorn y cruzar Sally’s Footbridge. Dejé atrás toda cautela y ataqué con gusto el descenso que estaba lleno de piedras y lodo mientras la lluvia seguía sin pausa. Había mucha gente en la bajada y la mayoría estaban tratando de controlar su descenso formando colas en el sendero. Por suerte habían muchas opciones para bajar porque se veían senderos que no tenían mucho uso que iban paralelos al camino principal. Yo iba corriendo por fuera cuando se apiñaba la gente y así seguí hasta llegar al río.

En cuanto entro a la estación me encuentro con Roger… ¡qué sorpresa! Me había sacado una ligera ventaja en el primer tercio de la corrida y se estaba quejando de las zapatillas que había escogido para esta parte. Yo tenían unas Salomon SpeedTrak guardadas para la siguiente sección que estaba supuesta a ser técnica y enlodada, pero ya tenía muy mojadas las Hoka Speedgoat que cargaba puestas. Fui a buscar mi bolsa de recambio y cuando regresé ya no estaba mi hermano. Me puse una camiseta de lana, una camiseta manga larga, y tomé mi mochila CopresSport para cargar mi chaqueta impermeable, mi lámpara de cabeza, y un gorro para el frío.

Cuando salí de Footbridge a las 5:45pm estaba 1:45 minutos por delante de mi plan de carrera para 32 horas. Había para de llover y el clima estaba agradable. Ya para estas alturas había decidido que esta es la carrera más escénica que he corrido hasta el momento. Ahora ascendíamos por el cañón del Little Bighorn y el río rugía al lado del sendero. Venía pensando lo sabroso que sería estar en ese río remando en un kayak pero creo que tenía un nivel de dificultad superior al que podría navegar. Ya se me habían pasado los dolores de la subida para ser reemplazado por los dolores de la bajada. Esta larga subida de 28k tiene una pendiente gentil pero constante y sube 1,270m hasta llegar a una elevación de 2,643m.

En esta subida hay que atravesar varios ríos y hay mucha agua por todos lados. El sendero en ocasiones parecía estar hecho de jabón, frecuentemente había que pasar por barriales profundos. Ya algunos de los corredores que habían pasado antes fueron dejando una senda paralela que era mejor para correr que el sendero propio. Iba subiendo como un tren que va saltando de una vía a otra pero siempre avanzando en la dirección correcta: hacia arriba. Como a las 8:30pm me encontré con el puntero de la carrera. El segundo lugar venía unos cinco minutos después. Hasta casi las 9:30pm había algo de luz y creo que a esa hora comencé a usar mi lámpara de cabeza.

Como hacía frío no estaba tomando mucho líquido. Cargaba en la mano una botella CamelBak de 21oz, y en el cinto tenía dos botellas suaves de 500ml. Hacía rato no llenaba estas botellas secundarias porque las estaciones estaban suficientemente cerca para llegar con el contenido de la botella de mano. Las estaciones estaban bien surtidas pero ya a estas alturas no me bajaba bien la comida y estaba pasando la carrera a punta del Gu líquido que había en las estaciones y los geles de gu (que también tenían en cantidades). Ocasionalmente me comía un huevo con sal, papas con sal, y toda la sandía que encontraba. También tenían una bebida de jugo de pepino encurtido que estaba muy buena.

A las 12:22am llegué a la estación de la cima: Jaws. Esta estación estaba llena de gente y cuando entré me encontré con Roger nuevamente. No encontraban su bolsa de recambio. Mi bolsa si estaba pero solamente tenía unas baterías. Yo había recogido todo lo importante al fondo de la loma porque no quería llegar con frío a la cima. Le presté una bufanda que tenía en mi mochila y partimos juntos de regreso, listos para la segunda mitad de la carrera. A las 12:42am salimos de la estación, yo iba 1:20 por delante de mi plan. La verdad es que esta carrera estaba destruyendo a la gente porque muchos de los que estaban corriendo cerca de mi habían estimado hacer menos de 30 horas.

Ya llevábamos casi 15 horas corriendo y estábamos bien, sin mayores dolores, moviéndonos a un ritmo consistente y de buen humor. Como el cielo estaba cubierto de nubes, el frío nunca llego a ponerse incómodo (como en otras ocasiones con cielos cristalinos). Estaba húmedo pero el calor del esfuerzo me mantenía a una agradable temperatura. Habían muchos ratoncitos en el sendero que quedaban encandilados y no sabían para donde huir. Nos encontramos también con un berrendo en la noche comiendo a un lado del camino.

En las estaciones ahora tenían fuegos encendidos y en todos siempre habían corredores calentándose. Nosotros parábamos brevemente a tomarnos un caldo caliente y rellenar nuestras botellas. Después de la segunda estación Rogelio se fue quedando atrás. No lo noté al principio porque me pasé una pareja y las luces de ellos no me dejaban ver la de mi hermano. Pero cuando dejé esa pareja atrás no vi a Roger siguiéndome. Al llegar a la próxima estación, Cathedral Rock, a los 100km, ya Roger no me alcanzó antes que yo partiera hacia Footbridge. Para estas alturas ya el sol estaba iluminando el sendero a las 4:30am aproximadamente.

Llegué a Footbridge a las 7:09am y salí a las 7:25am. Solamente me quité la camiseta de manga larga que cargaba encima y dejé la mochila con todo el equipo de frío que llevaba. Recogí la gorra que había cambiado por el gorro de lana y me fui a trepar la loma que nos esperaba ahora. Iba 57 minutos contra mi plan de carrera. Obviamente estaba empezando a perder velocidad y mi ventaja se estaba desvaneciendo.

Venía un subida de 6k con 664 metros de ascenso. La lluvia había dejado el terreno muy enlodado y todos los corredores que iban delante nuestro habían destruido el sendero. Fui pasando gente poco a poco, lentamente, mientras los escuchaba quejarse de lo difícil que estaba esta subida y la desgracia que era enfrentarse a un final de carrera como este. Era evidente que muchos se sentían que la carrera se les estaba escapando de las manos. Algo de esa preocupación pasaba por mi mente pero yo iba aún por delante de mi plan así es que estaba de buen ánimo.

Estaba trepando a un ritmo cómodo. Podía ir un poco más rápido pero quería guardar energías para poder correr el final de la carrera porque era una bajada larga de 21k. Antes de eso tenía que hacer el corte en Dry Fork que era a las 3pm. Juzgando por el paso de la subida parecía que no íbamos a llegar pero sabía que luego el camino se volvería una subida gentil y que el sendero debía estar muy corrible después de la estación del tocino.

Ya a esta altura de la carrera los punteros de la carrera de 82k nos estaban pasando como si estuviéramos parados. Estaban subiendo la loma como si el lodo fuera de concreto. ¡Qué bárbaros esos corredores! Eventualmente formamos un grupo de unos seis corredores que estábamos avanzando al mismo ritmo. Al terminar la subida en Bear station algunos se quedaron comiendo. Yo llené mi botella y partí de una vez. Quedaba algo de subida y luego venía el terreno relativamente plano.

Ya no estaba seguro como estaba parado frente a los corredores de 100 millas porque habían muchos corredores de 50 y 32 millas en el camino. Cuando llegué a Cow Camp me comí un par de tocinos fritos para llenarme de energía para la bajada. Ya faltaba menos para Dry Fork. Estimaba que llegaría como a la 1:30pm a esa estación que tenía el corte de las 3pm. Ya estaba media hora por debajo de mi plan de carrera. Las energías estaban menguando y mi ritmo había decaído.

Pasé por Dry Fork en dos minutos y salí a la 1:22pm a terminar mi carrera. Iba una hora y sencillo por delante del plan pero ya mis piernas no daban para mucho. Después de Dry Fork el camino sigue subiendo y yo no encontraba forma de moverme más rápido. La gente me estaba pasando a diestra y siniestra. Cuando terminé esa trepada inicié un descenso leve a la próxima estación. Por más que traté de correr no lograba ir más rápido que los que estaban caminando a paso ligero. Ya el sueño me estaba quitando concentración y las dudas típicas revoloteaban dentro de mi cabeza.

Yo había perdido la tabla de distancias temprano en la carrera y ya no estaba seguro de cuanto quedaba por correr. No podía estimar mi hora de llegada a la meta y cada vez parecía estar más lejos de llegar. Cuando llegué a Upper Sheep Creek me di cuenta que estaba equivocado con respecto a lo que me faltaba por terminar y quedaba la mitad de lo que yo pensaba. Esto me dio un respiro pero todavía no me sentía cómodo y quería terminar rápido para asegurarme de evitar inconvenientes de última hora.

Ahora faltaba una última subida que parecía inmensa. Era como trepar la India Dormida, solo que ya llevaba 140k corriendo. Iba con Rob en ese momento y ninguno de los dos nos estábamos moviendo muy rápido. Yo le dije que no íbamos a terminar si no corríamos y que iba a correr con todo lo que me quedaba cuando arrancara la bajada. Rob me dijo: «tú dale que yo te sigo». Así mismo fue… al coronar la subida se podía ver hasta el pueblo de Dayton en la lontananza, y ¡estaba lejos!

Comenzamos a correr y el cuerpo se resistía a responder a mi voluntad. Pero se fue calentando con cada paso y el ritmo fue incrementando poco a poco. La bajada estaba empinada así que podía correr con tan solo controlar la caída al inclinar el cuerpo hacia adelante arriesgando plantar la barbilla en el sendero. Comencé a recuperar ventaja perdida y volvimos a pasar gente. Se podía ver una gran cantidad de corredores a lo largo del sendero y me propuse rebasarlos a todos los que tenía a la vista. Uno tras otro fueron quedando atrás hasta llegar a la próxima estación. Ya me quedaban 12k y casi cuatro horas para terminar.

Mi hebilla #9

Bajamos la velocidad avanzando por el sendero a buen ritmo. Cuando llegamos a la calle propuse volver a correr pero ya Rob estaba determinado a llegar caminando a la meta y sabía que llegaría antes del corte. Yo quería hacer mi tiempo porque estaba a mi alcance y regresé a correr. No podía ir muy rápido en esta parte porque ya era plano el recorrido. Pero entre caminar y correr seguí avanzando hasta llegar a la meta en 32:15:49.

Después de la carrera nos fuimos para Yellowstone y Grand Teton por unos días. Estos son dos lugares fantásticos a los que hay que regresar con más tiempo. Espero que la próxima vez no nos llueva como esta vez. Hemos pasado días bajo una llovizna que no paraba.

Categorías
General

Wikiloc y Google Earth

En el 2011 encontré Wikiloc y desde entonces he estado subiendo y compartiendo rutas. Ese sitio permite que uno suba pistas de GPS y las anote con puntos específicos, agregue una descripción del recorrido, de los puntos, y hasta seis fotos por recorrido y por cada punto. Luego el sitio resume la información básica contenida en la pista de GPS y muestra el recorrido sobre un mapa de Google Earth, o de maps (con calles y hasta topografía).
Ejemplo de ruta
Lo que acabo de encontrar es que Google Earth en la computadora tiene la posibilidad de habilitar una capa de rutas de Wikiloc que muestra íconos sobre el mapa que uno está viendo y permite que se muestren las rutas que uno escoge ver. ¡Esto es fantástico porque cuando estoy explorando áreas que me gustaría visitar puedo ver que rutas han subido los que ya han pasado por ahí!
Los puntos blancos son indicadores de otras rutas disponibles en el área. En este caso estamos viendo La Vuelta del Cariguana que yo mismo subí a Wikiloc, pero hay muchas otras rutas disponibles que otros han ido subiendo. Esta es una gran herramienta para ver por donde hay rutas que explorar y luego bajarlas al gps, o al celular para ir a investigar ya con una ruta conocida y con la seguridad de poder seguirla sin problemas. Mi perfil en wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/user.do?id=336601
Categorías
Kayaking

Bocas del Toro a Colón Remando

Chiriquí Grande

Este 12 de julio terminamos de remar de Chiriquí Grande en Bocas del Toro a Miguel de La Borda en Colón. Teníamos años hablando al respecto hasta que logramos concretar el viaje. Mi cuñado Jorge Espino, mi hermano Roger y su hijo Rogelio, Iñaki Lasa y yo fuimos los que quedamos en los botes (había un grupo grande de interesados que al final solo vieron los toros desde la barrera). El viaje fue más difícil de lo que anticipamos y para mí, más memorable de lo que esperaba.

Cruzando a Escudo de Veraguas

El Escudo de Veraguas siempre fue uno de los objetivos del viaje pero cuando concretamos las fechas quedamos con 5 días disponibles para concluir el viaje (3 menos de lo que había estimado originalmente). Cuando partimos, el itinerario era Chiriquí Grande, Tobobe, Río Chiriquí, Calovébora, Petaquilla y Miguel de La Borda. Cuando llegamos a Punta Toro hablamos con la primera persona que apareció y nos preguntó hacia adonde íbamos. Cuando le contamos nuestro destino nos dijo que eso estaba muy difícil.

En Tobobe hicimos nuestra próxima parada y de una vez llegaron varios ngabe. En la conversa nos dijeron lo mismo: la costa estaba muy difícil en esta época del año, septiembre es cuando el viaje se puede. Prácticamente estábamos por abortar el viaje y decidimos salvarlo haciendo una parada en Escudo de Veraguas porque todos decían que ese viaje era más factible. Así es que seguimos bajando por la costa hasta Punta Escondida porque era uno de los lugares donde podíamos desembarcar.

El grupo en Escudo de Veraguas

El cruce de Chiriquí Grande a Punta Toro había estado muy fácil porque la Laguna de Chiriquí está muy protegida y el agua es muy tranquila. En cuanto fuimos pasando Punta Toro ya se iba viendo el cambio: sobre los arrecifes las olas estaban rompiendo con fuerza y se notaba que las olas de fondo estaban grandes. Cuando le dimos la vuelta a Bluefield’s Point y vimos Punta Kusapín sabíamos que estábamos en problemas porque el mar estaba muy enredado con las olas de fondo reventando en el arrecife y el viento soplando con fuerza. Por suerte se nos acercó un bote y nos dijo que teníamos que abrirnos mucho y dar la vuelta lejos de los arrecifes.

Era imposible para nosotros entrar en Kusapín porque las olas cubrían de espuma blanca todo el arrecife frente a Kusapín. Seguimos hacia Tobobe porque no quedaba de otra. Después del descanso y la conversa en Tobobe seguimos nuestro camino hacia nuestro primer campamento de intensión cerca de Shark Hole Point. Justo cuando nos alejamos de la costa nos atrapó la primera lluvia intensa y nos dejó sin visibilidad alguna. Estábamos sobre un arrecife y a duras penas podías ver que teníamos al frente. Cambiamos nuestro rumbo hacia la costa nuevamente porque no queríamos quedar dentro de alguna rompiente. Cuando nos acercamos a otra orilla encontramos un buen lugar donde poder volver a tocar tierra y decidimos que allí acamparíamos este primer día.

Mauricio salió a nuestro encuentro de una vez ya que esta era su tierra. Nos volvió a confirmar que apenas habíamos pasado la parte fácil de nuestro viaje y lo que venía sería más duro. Jorge negoció nuestro campamento y le pidió a Mauricio que nos consiguiera unas langostas. A la hora regresó Mauricio que seis langostas para la cena y las hervimos para acompañar lo que ya habíamos cocinado. Habíamos llevado un gran techo que resultó vital para la cocinada y la conversa porque las lluvias venían intermitentes a través de toda la noche.

Campamento en El Portete

Temprano al día siguiente recogimos nuestro campamento y partimos a Escudo de Veraguas según nuestro plan de viaje revisado. El cruce de 28kms de mar abierto al Escudo nos tocó relativamente tranquilo, y no nos llovió. Salimos solamente con un rumbo hacia un horizonte abierto y como a la hora de estar remando apareció algo que parecía una isla. Con el paso de las horas fue creciendo hasta que ya se podían distinguir los detalles de la costa. Primero nos acercamos a Playa Larga y luego fuimos hacia la punta este donde Roger había decidido que quería investigar y acampar.

Al llegar a la punta este vimos que Booby Cay ofrecía protección con un gran arrecife que estaba siendo embestido ferozmente por unas inmensas olas que después de ser reventadas por el coral llegaban como leves ondulaciones a la orilla. Encontramos la isla abandonada y sin un alma que la habitara. Habían cabañas abandonadas en esta playa que daba al norte y buscamos un lugar agradable donde colocar nuestro campamento para luego ir a investigar más sobre este lugar que ya se sentía mágico.

Pasamos la tarde navegando por docenas de islotes que estaban entre el arrecife y la costa. Entre los islotes habían canales de agua cristalina y caliente, algo realmente espectacular. Lástima que no podíamos bucear el arrecife porque el mar al norte realmente estaba tratando con todas sus fuerzas de destruir el coral y a cualquiera que se le acercara. Este lugar en septiembre con un mar tranquilo tiene que ser aún más fuera de serie de lo que se podía apreciar. Todos quedamos de acuerdo que debemos regresar.

Nuestro tercer día iba a ser un cruce de mar abierto de 50kms directo a Calovébora. A las 5am ya estaba preparando el café y a las 7am dejamos nuestro campamento. Una gran tormenta se veía que venía en camino y en cuanto salimos de la protección de la isla sentimos la fuerza del viento que ahora estaba soplando del suroeste en dirección a la tormenta que lo estaba chupando. Como a la hora de seguir nuestro rumbo de intensión decidimos cambiar nuestro rumbo y dirigirnos directo a la costa porque las olas y el viento estaban subiendo su nivel de intensidad.

Las olas en El Portete

Navegamos casi 35kms de mar entre olas y viento que nos tenían en constante tensión porque la canoa que nos acompañaba es un bote abierto al que había que estar achicando el agua que entraba cuando era golpeado por las olas. Nuestros kayaks abiertos no tenían problema en ese mar pero todo nuestro viaje dependía parcialmente del cargamento que llevamos en la canoa. Todos estuvimos callados hasta que ya teníamos la costa cerca y parecía que nos habíamos salvado de lo peor.

Cambiamos nuestro rumbo para seguir navegando hacia Calovébora que ya estaba como a unos 30kms. Lo que veíamos en la orilla nos preocupaba porque era tal como no lo habían pintado los indios: no había como entrar a las playas porque las olas estaban rompiendo con fuerza en la arena. Y nos habían dicho que la canoa no podría entrar en Calovébora porque la «cabeza» estaba muy grande (la ola que rompe antes de entrar el río). Para aumentar nuestros problemas, otra tormenta nos estaba alcanzando por el oeste ahora.

Cuando la cosa estaba cambiando a tétrica, Jorge, que estaba en la canoa, decidió que podía entrar a la playa porque la única punta que habíamos visto desde que dejamos Escudo atrás le daba un poco de protección de la fuerza de las olas. Todos caímos en esa playa justo antes que nos alcanzara un fuerte viento acompañado de lluvia intensa. ¡Increíble suerte que tuvimos! Vimos que atrás de las plantas en la playa había una gran finca y entramos a investigar mientras nos protegíamos de la lluvia bajo el techo de un gran rancho que parecía ser usado para actividades comunitarias. Decidimos que pasaríamos la noche en este agradable lugar.

Según el mapa habíamos caído en Cahuita, entre Santa Catalina y Calovébora. Apenas estábamos a mitad de camino y llevábamos tres días navegando. El cuarto día iba a ser un día muy largo si queríamos llegar a Miguel de La Borda en el quinto día. Después de pedir permiso para pernoctar en el rancho fuimos a bajar todo de los botes y esconderlos tras unos arbustos según el consejo de los moradores Elías y Wali. Pasamos una noche muy agradable y secos. Hasta ahora casi todos habían dormido mojados por problemas misceláneos con sus hamacas.

A las 4am estaba calentando el café y a las 6am partimos para Petaquilla. Nos tocaba un día largo. Las horas pasaban, los pocos lugares habitados pasaban, y no aparecía ningún lugar donde pudiésemos tocar tierra. Toda la costa entre Río Cañas y Miguel de la Borda está muy poco habitada y la razón era evidente: las playas ofrecían poca protección contra la fuerza del mar. Además, mucho del frente de mar estaba formado por grandes acantilados que no permitían desembarcar del todo. Las entradas de los ríos están bloqueadas para embarcaciones pequeñas como las nuestras por las olas que se forman sobre la barra de arena que naturalmente se forma ahí.

Cerca de las 3pm pasamos frente al Río Petaquilla y vimos que podíamos entrar ahí pero decidimos seguir de largo porque todavía necesitábamos avanzar si queríamos estar en Miguel de La Borda al día siguiente. Poco después pasamos frente a la mina de Petaquilla. El lugar es inmenso y desde hacía horas veíamos una estructura que se elevaba sobre la selva. Era una gigantesca chimenea que salía de una galera aún más grande. La inversión material que ha sido hecha en este lugar se notaba astronómica.

Seguimos de largo con la esperanza de poder entrar en Coclé del Norte. Habíamos pasado varios ríos donde pensamos que se iba a poder entrar pero no tuvimos suerte. Y estábamos cerca de las doce horas de haber partido y la costa seguía igual, sin ofrecer lugar alguna donde poder entrar a pasar la noche. Justo cuando acabábamos de tratar de entrar en una playa nos cruzamos con un bote y le hicimos señas. Después de conversar nos dijeron que era justo en esa playa donde podíamos entrar y nos enseñó como podríamos entrar entre las olas con mucho cuidado.

Roger e Iñaki lograron entrar sin problema. Cuando Rogelio y yo fuimos a entrar quedamos surfeando una gran ola hasta que llegando a la orilla la punta de nuestro bote se hundió en la ola, tocó la arena, y la proa del bote se levanto verticalmente y nos lanzó al aire. Rogelio quedó parado en la arena de una vez pero yo salí por encima de él y casi me cae el bote encima. Por suerte no pasó nada peor tras la volteada y todo lo que estaba en el kayak estaba bien amarrado. Jorge logró entrar en la canoa sin mayores problemas. Habíamos parado en El Portete tras un día maratónico de 80kms. Y el lugar estaba muy agradable para nuestra suerte.

Ya el viaje estaba prácticamente concluido porque solamente quedaban unos 35kms para el día siguiente. A pesar de todas las condiciones hostiles que encontramos habíamos logrado perseverar. La canoa Old Town Tripper XL de 20′ había dado la talla gracias a que Jorge la había manejado con mucha habilidad. La bomba de achique hasta había perdido su agarradero por el uso que había recibido en los cruces pero por suerte seguía sacando agua. Nuestros kayaks dobles de 17′ habían navegado muy estables a través de todas las olas, los vientos y la lluvia.

La cuarta noche duramos más que todas las anteriores antes de caer cansados en nuestras hamacas. Estábamos bastante contentos porque ya sabíamos que íbamos a lograr concluir exitosamente nuestra travesía. Ya quedaba poco que beber y de comer, pero fue suficiente para ir satisfechos a dormir en nuestras hamacas. Al día siguiente nos despertamos con calma y empacamos sin prisa porque antes del medio día estaríamos en Miguel de La Borda.

Photos en Google: https://photos.app.goo.gl/7oswLVHF46noMKiB3

Puntos Importantes: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1CK99RcvdLrfLnLl9fYy7Dydtl3l3ewNLW5K0NHWCezI/pubhtml

The Panama Cruising Guide de Eric Bauhaus y Almanaque Azul son buenas referencias.

 

Categorías
Caminatas

Río Cangandí

Este fin de semana fuimos a dormir al Río Cangandí. El plan era sencillo: ir hasta donde encontráramos un lugar agradable para dormir, acampar y regresar. Generalmente me gustan los viajes de una vía, pero jamás desprecio la oportunidad de ir a acampar cuando se presenta. En este caso Sjef y otros buenos amigos estaban con ganas de ir a caminar y mi hijo Irving también estaba dispuesto a acompañarnos.

Originalmente íbamos en un par de autos y éramos 12 los apuntados. Como frecuentemente sucede, el grupo se fue reduciendo y al final quedamos cuatro mosqueteros, Carlota, Sjef, Irving y yo. Manejamos hasta Madroño para cubrir todo lo que pudiéramos hacer en auto y buscamos donde dejarlo bien cuidado. Preguntando quedamos donde el Sr. Eustaquio Gil. Iguafioli, un kuna que trabaja con Earthtrain y vive con la familia donde el Sr. Gil, nos acompañó hasta el sendero hacia Cangandí porque iba para una finca del Sr. Gil a trabajar plantando culantro.

Nos tocó un buen día, por suerte, ya que había llovido fuerte el día anterior pero a nosotros nos tocó soleado en San José de Madroño. Iguafioli nos llevó hasta casi un kilómetro de la división continental donde está la frontera con la Comarca de San Blas. Ahí quedaba la finca donde iba a trabajar. Nos indicó un sendero que nos llevaría hasta el camino que se dirige a la comunidad de Cangandí y Río Mandinga. Igua nos dijo que a él le tomaba como ocho horas llegar hasta Cangandí.

Al llegar a la división continental llegamos a una «T» y mi primera intuición fue tomar a la derecha porque se veía más claro. Cuando revisé la dirección versus mi ruta de intención vi que nos estábamos separando. Dimos un giro y tomamos la otra dirección y el camino prontamente se cerró. Pero como estábamos sobre la pista que quería seguir saqué el machete y abrimos camino hacia abajo donde, según el mapa, había una quebrada que nos llevaría hasta el Río Cangandí.

Prontamente llegamos a la quebrada y procedimos a seguirla. Era obvio que por aquí no ha caminado nadie desde hace mucho tiempo. Los indios tienen un camino por otro lado, pero esta era la ruta que aparecía en el mapa del Tommy Guardia, Río Mandinga, que fue revisado en el campo en 1966. Evidentemente las cosas han cambiado un poco desde entonces.

La quebrada que seguíamos estaba espectacular, cristalina, y llena de pequeñas caídas que hacían nuestro avance algo lento. No teníamos apuro alguno y cuando nos cayera a bien acamparíamos donde estuviésemos. Así es que sin prisa y sin pausa fuimos avanzando y gozando del entorno en el que nos encontrábamos. Eventualmente llegamos a un campamento kuna, justo a la hora de almorzar. Habían dos estructuras grandes de madera y una decía que era la casa del Sahila del Pueblo. Estaban abandonadas desde hace tiempo.

Almorzamos a la orilla del río y justo al frente de donde paramos vimos el camino que llegaba al campamento. Este camino seguro nos llevaría directo al pueblo de Cangandí. Se veía que iba directo al norte, justo la dirección que queríamos seguir. El camino volvía a trepar al salir del río y se mantuvo alto por un rato para luego volver a caer al río. Viendo el mapa era evidente que tomó una ruta más directa que la que seguía la quebrada por la cual habíamos bajado. Ya estábamos cerca del Río Cangandí.

Ahora el camino seguía de cerca el río, a veces por un lado, por el otro y por medio del cauce cuando era más directo. Casi a las cuatro de la tarde llegamos al Cangandí. El río estaba lleno de agua y el camino salió justo donde se juntaba la quebrada que habíamos seguido desde un principio. Nos gustó tanto el lugar que ahí mismo decidimos que acamparíamos.

El agua del río estaba sabrosa, de una temperatura ideal para quedarse adentro del caudal sin morirse de frío al poco rato. Cada quien buscó sus árboles para colgar su hamaca, nos dimos un buen baño, descansamos un rato y luego iniciamos el proceso de preparar la cena. Sjef había traído salmón, crema, parmesano reggiano y fetuccines. Yo la preparé con gusto y todos comimos hasta quedar satisfechos. ¡Hora de la tertulia!

Al día siguiente regresamos por el mismo camino y llegamos prontamente al campamento. Mi hijo Irving venía como caballo de alquiler apurado por regresar al auto. Nosotros los viejos veníamos jadeando tras él. En el campamento encontramos el camino de los indios que llegaba directo a la casona del campamento. Este camino subió directo al filo de la división continental ascendiendo sin parar hasta los 390 metros de altura. El campamento estaba como a 180 metros de altura así es que fue una buena trepada.

Bajando tomamos una izquierda equivocada y quedamos enredados en una quebrada pero al rato volvimos a empalmar con el camino correcto. Salimos un poco rasguñados por las plantas que estaban enmarañadas y habían muchas espinosas. Ya al mediodía estábamos de vuelta en el auto. Decidimos pasar el Mamoní antes que lloviera y nos dejara atrapados del lado incorrecto. Una vez del otro lado estacionamos para darnos un largo chapuzón en el río y regresar limpios a casa. ¡Tenemos que repetir este viaje en verano!

Ruta en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=18214927